miércoles, 24 de abril de 2019

Daemones

Cada día es una lucha constante contra mí misma. Gane o pierda, da igual, porque la batalla continúa ad infinitum. Puedo estar bien conmigo misma durante un tiempo, pero en general no suele durar mucho.

Y en cuando mi lado oscuro aparece, renace, se cierne sobre mí como una máscara que no me permite ver las cosas como lo hago habitualmente. Esta máscara me ciega, me quema, duele llevarla, pero tengo que luchar por quitármela, y vivir con ella, porque de nada sirve quitarla cuando el problema viene de dentro, y volverá a aparecer, tarde o temprano.

Una máscara hecha de dolor, humillación, vergüenza, odio, asco, miedo, y todo eso dirigido hacia la misma persona: hacia mí.

Levantarse y odiarse, concebirse insignificante, inútil, insuficiente, un desperdicio... Pero no puedo dejar que estas ideas se hagan con mi control, porque sino mi destino estaría ya escrito, y estaría encaminado a dejar de existir. Y me niego a concebir tal idea, nunca voy a acceder a esa tregua que me ofrecen mis demonios, tratando de convencerme de lo que no soy y lo que no quiero.

De nada sirve intentar espantar a mis demonios, porque en realidad son parte de mí. Huir no es la idea más sensata, como no lo es negar su existencia tampoco. Tengo que luchar diariamente contra ellos, una guerra incansable en la que espero salir victoriosa.

Pero, como ya he dicho antes, no hay ganadores ni vencedores, sino un periodo de latencia entre guerra y guerra, nadie gana, solo es cuestión de esperar. Podría decir que yo gano siempre, porque sigo aquí, y estoy escribiendo esto.

No pienso rendirme, ni doblegarme ante estos episodios, porque yo soy más fuerte. No voy a intentar convencerme de que en lo que me convierto cuando me pongo esa máscara es lo que soy, porque mi yo real está tras ella, y es cuestión de tiempo que me la quite y deje ver nuevamente mi rostro.

Antes pensaba que tal vez con el tiempo esto me dejaría de ocurrir, que tal vez algo iba mal conmigo. Lejos de la realidad, esto es algo normal que pasamos todos, y que nos convierte en lo que somos, nos hace fuertes y nos permite madurar y evolucionar como personas.

Con el paso del tiempo he aprendido a vivir con esto, todos tenemos nuestros demonios, y yo no soy menos y, al igual que el resto, con el paso del tiempo aprendo nuevas estrategias para confrontarlos.

Y así continuará, ad infinitum.

lunes, 22 de abril de 2019

Ahora

Lo que nos ha pasado nos preocupa. Pero la historia no se puede rescribir, lo hecho, hecho está.

El futuro también nos preocupa. Pero no está bajo nuestro control aquello que aún no ha sucedido.

Nos preocupamos por el presente, pero es tan breve, dura apenas un suspiro, no nos damos cuenta de que está pasando, y para cuando somos conscientes de ello, ya forma parte del pasado.

Vivimos en un estado de preocupación constante, con respecto a lo que hemos vivido, que lo cargamos a cuestas; respecto a lo que queremos o esperamos vivir, y lo que ello supone; y lo que actualmente vivimos, que viene condicionado por lo que hemos sido y, a su vez determinará lo que seremos.

Es todo un complejo entramado, y nos molestamos demasiado tiempo en pensar en ello. Deberíamos intentar vivir al máximo al presente y dar menos importancia al pasado, dejarnos fluir hacia el futuro. 

No con esto quiero decir que tengamos que olvidar quiénes fuimos o quiénes queremos ser, pero tenemos que centrarnos en el ahora, porque es AHORA cuando somos, cuando podemos disfrutar, aprender, conocer, vivir...

Siempre habrá tiempo para arrepentirse, por ello lo mejor es no darle vueltas a las cosas, tenemos que ser quienes queremos ser ahora, porque eso nos va a llevar lo que queremos ser en un futuro. Obraremos en consecuencia, sin dejar atrás nuestras raíces. No tenemos que ir de la mano de lo que está por acontecer y lo acontecido para que nos acompañe.

Esto lleva unos días ya atormentándome, y necesitaba escribir sobre ello. 

A unos les pasa más que a otros, pero en general estamos constantemente preocupados por lo que hemos hecho, o lo que no hemos hecho, y lo que queremos hacer en un futuro, lo que podremos, etc. Hasta cierto punto es normal, porque nos importa el progreso de nuestra vida y la de nuestros seres queridos, pero se convierte en un problema cuando ocupan tu pensamiento de forma habitual. 

Cuando el pasado y el futuro nos abordan y se convierten en nuestro yo actual se vuelve patológico,  no nos deja vivir, que nos drena la energía y la ilusión por la vida. No podemos estar asustados de lo que el futuro nos depara o lo que hemos hecho, simplemente vivamos, vamos a intentar ser felices mientras podamos, y sacar provecho de la situación al máximo, sea favorable o no. 

No podemos dejarnos hundir por el paso del tiempo, porque no va a dejar de transcurrir para nosotros. 

En un instante,  nuestro presente será pasado, y nosotros ya seremos futuro.


martes, 16 de abril de 2019

Dead poet

Regálame una jaula, para que no me pueda escapar.
Quítame la sonrisa, evítame disfrutar
Provócame el llanto, hazme sangrar
Átame de pies y manos, pero no me podrás callar

"Vuela libre, pajarito,
vuela libre en la jaula"
Decía el carcelero
mientras amenazaba con la espada

Palabras vacías, sonidos huecos
Paredes angostas, sufrimientos eternos
No les escuches, no te hace falta
Todo lo que necesitas saber, te lo inventas
Tortura a la princesa, deja libre a las ratas

Mentiras, irá, traición, injusticia
de mi mano en nunca fueron
Pero tú así lo diste por hecho
Culpándome de tus errores, y nunca de tus aciertos

Pienso que si me despido de tu realidad
tal vez me lo agradezcas, sonreirás
pero no te voy a dar ese gusto
Lo siento, pero a eso no llegaré jamás

No me voy a rendir, pienso luchar
Nunca voy a mirar atrás, el daño hecho está
Pero jamás voy a olvidar lo que me has hecho
Nadie lo hará y no voy a dejar de luchar

Cuando mi corazón deje de latir,
cuando la última de las lluvias caiga
cuando no hayan más lágrimas
Sabrás que la deuda está pagada


lunes, 15 de abril de 2019

I want my tears back

Las lágrimas ya han caído, pero nunca es tarde para reconocerlo y, menos, para decirlo.

Llorar es algo normal, algunas personas tienen más facilidad para hacerlo, otras son más propensas, otras personas tratan de ocultarlo, pero todos lo hacemos tarde o temprano. Lo relevante al respecto es el motivo por el cual acabamos en tal situación.

Infinidad de cosas, vistas según la perspectiva de cada uno, pueden tener un efecto en nosotros que provoque el llanto. Las lágrimas no nos devuelven aquello que hemos perdido, aquello que extrañamos, o nos curan el dolor que sentimos, pero de algún modo alivian nuestro alma, tiene una finalidad terapéutica para con nosotros mismos.

Soy una persona que llora con mucha facilidad, sin importar el sitio o el momento, me cuesta controlarme. Llora, débil, crédula, estúpida... He pensado tantas cosas cuando he llorado sobre que lo estaba haciendo, que no me he dado cuenta que, en muchas ocasiones, he dado lágrimas a situaciones y personas que no se lo merecen.

Esas personas, situaciones, se pueden quedar con mis lágrimas. El daño ya está hecho, y me han ayudado a ser mejor persona, a ver las cosas de otra forma, a evolucionar y madurar con ellas. Por cada lágrima caída, yo me he hecho más fuerte, y con las futuras pasará lo mismo. Es un proceso de cambio, dinámico, que no parará nunca.

Por otra parte, quiero esas lágrimas de vuelta. No merecen haber sido vertidas en ciertas ocasiones. He sido muy exagerada y dramática, por partes iguales, y muchas veces he estado tan ciega que no he visto venir lo que tenía de frente. Una persona que desde el principio no se ha portado bien contigo no merece ni una gota, situaciones que tienen solución tampoco.

Resulta llamativo que, para aprender eso, tengamos que llorar. Para saber qué es lo que realmente supone "llorar", en qué situaciones deberíamos hacerlo y en cuáles no es que no debamos, sino que no merece la pena. Hay situaciones en las que invertir energías y darles tal importancia no hace sino provocarnos más sufrimiento y prolongar el sollozo.


Me remito, por ejemplo, a una situación muy reciente, en la que no fui capaz de ver lo que se me avecinaba, y cuando me di el golpe sufrí mucho más de lo que debía. Quiero que te quedes con mis lágrimas, porque con ello me enseñaste lo que no quería ni merecía, gracias por haberme mostrado el camino correcto. Pero también quiero que me las devuelvas, porque no te las mereces.


sábado, 13 de abril de 2019

Comienzos

Caerse, levantarse, y seguir adelante. Todo se resume en esto.

La vida es un constante devenir de emociones, sensaciones, experiencias, ilusiones, ideas, proyectos... Y no nacen de la nada, sino que todos tienen un inicio.

Los comienzos son difíciles en la gran mayoría de casos, supone adentrarse en lo desconocido, ir con cautela porque nos introducimos en un nuevo mundo del cual podemos salir heridos o victoriosos.

Comenzar algo nuevo tiene un riesgo para nosotros, y aún sabiéndolo, nos disponemos a cruzar el umbral que supone nuestra zona de confort para descubrir hasta dónde podemos llegar. En muchos casos salimos damnificados de la situación, y es cuando caemos.

Caemos, y creemos que no podemos volver a ponernos en pie, pero la vida sigue, y con esfuerzo nos enderezamos y seguimos nuestro camino, porque queremos saber qué nos depara el futuro.

Y comenzamos de nuevo, esta vez con más miedo y cautela que las veces anteriores, porque de la experiencia se aprende, pero con atisbos de esperanza, no podemos darlo todo por perdido, porque ha pesar de lo que haya ocurrido, no tiene siempre que darse la misma situación. Y tal vez ocurra lo mismo, pero tal vez no.

Huyamos del miedo, porque realmente no tenemos nada que perder, y seamos optimistas o nos quedaremos sumidos en nuestro sepulcro de autodestrucción (del cual solo nosotros nos podremos sacar).

Se trata de empezar de nuevo, con pasos pequeños pero con seguridad, sin temer a lo que pueda pasar, dejarse fluir y esperar a ver qué pasa. Los comienzos deberían ser así, por muy complejos que nos puedan resultar, porque es cierto que, para llegar a tener esa seguridad sobre nosotros mismos, tendremos que habernos caído y levantado consecutivamente muchas veces, tal vez incluso nos parezcan demasiadas y seguro que pensamos que no lo merecemos. Eso en parte es cierto, pero no nos centremos solo en eso, porque entonces cerraremos muchas puertas sin siquiera haberlas intentado abrir.

Nos hemos caído antes muchas veces, ¿y qué? Nada nos impide seguir, y comenzar de nuevo, porque no todo va a ser siempre malo. Igual que estas caídas son muestran el odio, el asco, la ira, la desconfianza, el egoísmo, la soledad, la desesperación, el interés, etc. del mundo, también nos enseñan a valorar lo bueno que se nos presenta, como el cariño, la sinceridad, la empatía, la fuerza o la solidaridad.

Y creo que merece la pena comenzar por ver si somos capaces de dar con todas esas cosas buenas. Tarde o temprano lo haremos, y deberíamos dar lo mejor de nosotros mismos, poner las cartas sobre la mesa, y sobre todo, disfrutar.

No dejemos ir a las buenas oportunidades, porque el mundo no está llena de estas, y son un tesoro.

 Yo creo que no tengo miedo a comenzar, y voy a dar lo mejor de mí.



Un enorme agradecimiento a un psicólogo estupendo, que ha sido el ideador del tema, y sobre todo la inspiración para el desarrollo del mismo.




sábado, 6 de abril de 2019

Palabras

Una concatenación de intenciones, una serie de letras que buscan un fin, las exteriorizaciones de una cierta o incierta voluntad. Palabras...

Se puede decir tanto y a la vez tan poco con las palabras que resulta imposible hablar de todos los supuestos que se podrían dar en esta realidad.

Pero si algo es cierto es que son efímeras, y aunque estén escritas, pueden encerrar multitud de significados.

Las palabras se utilizan con frecuencia masiva para dar validez y veracidad a nuestros compromisos, pero sin nuestra voluntad e intencionalidad, esas palabras están vacías. No significan nada.

Las palabras también son un arma, que puede llegar a ser más poderosa que cualquier elemento tangible. Tanto lo que se dice como lo que no se dice, o lo que se pretende decir y lo que realmente es. Palabras que juzgan, palabras que estigmatizan. palabras que se clavan como si de un puñal se tratasen.

Deberíamos medir nuestras palabras, y decir lo que realmente sentimos. Acompañarlas de hechos que demuestren que lo que se dice, o lo que no se dice, es cierto. Esas palabras que quedan anuladas por la realidad son palabras vacías, un arma con un gran potencial dañino.

Las palabras en determinados contextos tienen una importancia muy considerable, pero no deberíamos quedarnos solo en ellas. Las palabras deberían estar siempre respaldadas por hechos que demuestren la veracidad de las mismas. Si no, como ya he dicho antes, nos encontramos ante palabras vacías.

Tal vez las palabras impliquen una cosa, pero son los hechos los que determinan la certeza de esto. Y resulta tan, pero tan doloroso que hechos y palabras no se correspondan entre sí , que deberíamos ser especialmente cuidadosos con lo que decimos, queremos decir, y realmente pensamos y haríamos o haremos.

Es preferible no hacer uno de palabras cuando no vamos a poder comprometernos con los hechos que estas suponen. Las personas tienen sentimientos, y podemos herirlos profundamente si no pensamos las cosas dos veces antes de decirlas. Si la intención va encaminada a la mentira, buscar engatusar a la otra persona con palabras, pero a la hora de la verdad mostrarse impasible, en ese caso qué decir, las víctimas dirán en su lugar...

Cosas como la confianza, en un abrir y cerrar de ojos se pueden esfumar. Es algo muy difícil de conseguir, y tan fácil de perder... Usar bien las palabras, y procurar que estas sean coherentes con nuestros actos.

Las palabras son muy valiosas y pueden hacer mucho daño, úsalas bien.


lunes, 1 de abril de 2019

No cambies nunca

Me gustaría volver al pasado y hablar con mi yo de 15 años de esto, pero como lo veo muy difícil, lo mejor será prevenir, porque nadie debería pasar por cosas así, y por desgracia, es algo que todos hemos vivido.

Me han cortado las alas tantas veces que he perdido la cuenta, y no debieron hacerlo, nadie tiene derecho a hacer algo así. Y todo por querer ser como ahora mismo soy. En aquel momento pensaba que estaba mal, que lo que pensaba, lo que sentía, lo que veía, lo que quería, no era lo que debía, pero ahora sé que sí, que todo eso es lo que ahora mismo soy, y no quiero dejar de serlo nunca porque me encanta. A quien no le guste que no mire, así de simple, voy a forjarme con las herramientas que quiera, con el material que me dé la gana y del modo que mejor me parezca.

Y todo esto para llegar al tema principal, que es "No cambies nunca, por muchos peros que te pongan, por mucha cosas que te digan". Tú estás bien como eres, por favor, intenta ser feliz con eso.

La cosas son muy difíciles, y odiarnos a nosotros mismos o intentar ser quienes no somos para agradar a los demás, por poco que cambiemos, es lo más injusto que podemos hacer, porque si nos lo hace otra persona, podemos eliminarla de nuestra vida, pero si te lo haces tú mismo no puedes, simplemente, déjalo.

Nos podemos llegar a hacer mucho daño, de hecho, el mayor enemigo que podemos tener en nuestra contra somos nosotros mismos. Por eso no deberías odiarte, ni martirizarte por lo que eres o lo que no eres, y mucho menos estar constantemente echándote por tierra, porque NO lo mereces.

Te mereces ser sincero contigo mismo, y ser quien realmente llevas dentro. Deja que tu "yo" interior salga y vaya libre. No tengas vergüenza ni miedo, muéstralo con orgullo.

Siendo quien realmente sientes conseguirás ser feliz. Y por mucho que los demás te digan que no les gusta, que se rían, que te intenten hacer cambiarlo porque no lo ven "normativo", recuerda que en esta mundo, si hay algo que prima por encima de todo, es la diversidad, y no hay nada normativo como tal, no hay nada normal porque cada persona es un mundo, y tú tienes que ser el tuyo propio.

No dependas de nadie, ni de nada, sé tú mismo, y si eres feliz, nunca cambies. Sé como quieras ser, lucha por todo aquello que deseas por muy difícil que sea, porque el camino es duro siempre, pero la recompensa es el gran premio, y el camino que recorremos es el premio en sí.

Pregúntate a ti mismo, "¿Quién soy?" Y también "¿qué quiero? Y sigue lo que el corazón te dicte, sin mirar atrás, y haciendo de las palabras necias oídos sordos.

Levanta la cabeza y ve orgulloso por la calle, porque eres tú, y no hay nada mejor que eso. Nunca cambies, ni dejes que te cambien.