La vida es un constante devenir de emociones, sensaciones, experiencias, ilusiones, ideas, proyectos... Y no nacen de la nada, sino que todos tienen un inicio.
Los comienzos son difíciles en la gran mayoría de casos, supone adentrarse en lo desconocido, ir con cautela porque nos introducimos en un nuevo mundo del cual podemos salir heridos o victoriosos.
Comenzar algo nuevo tiene un riesgo para nosotros, y aún sabiéndolo, nos disponemos a cruzar el umbral que supone nuestra zona de confort para descubrir hasta dónde podemos llegar. En muchos casos salimos damnificados de la situación, y es cuando caemos.
Caemos, y creemos que no podemos volver a ponernos en pie, pero la vida sigue, y con esfuerzo nos enderezamos y seguimos nuestro camino, porque queremos saber qué nos depara el futuro.
Y comenzamos de nuevo, esta vez con más miedo y cautela que las veces anteriores, porque de la experiencia se aprende, pero con atisbos de esperanza, no podemos darlo todo por perdido, porque ha pesar de lo que haya ocurrido, no tiene siempre que darse la misma situación. Y tal vez ocurra lo mismo, pero tal vez no.
Huyamos del miedo, porque realmente no tenemos nada que perder, y seamos optimistas o nos quedaremos sumidos en nuestro sepulcro de autodestrucción (del cual solo nosotros nos podremos sacar).
Se trata de empezar de nuevo, con pasos pequeños pero con seguridad, sin temer a lo que pueda pasar, dejarse fluir y esperar a ver qué pasa. Los comienzos deberían ser así, por muy complejos que nos puedan resultar, porque es cierto que, para llegar a tener esa seguridad sobre nosotros mismos, tendremos que habernos caído y levantado consecutivamente muchas veces, tal vez incluso nos parezcan demasiadas y seguro que pensamos que no lo merecemos. Eso en parte es cierto, pero no nos centremos solo en eso, porque entonces cerraremos muchas puertas sin siquiera haberlas intentado abrir.
Nos hemos caído antes muchas veces, ¿y qué? Nada nos impide seguir, y comenzar de nuevo, porque no todo va a ser siempre malo. Igual que estas caídas son muestran el odio, el asco, la ira, la desconfianza, el egoísmo, la soledad, la desesperación, el interés, etc. del mundo, también nos enseñan a valorar lo bueno que se nos presenta, como el cariño, la sinceridad, la empatía, la fuerza o la solidaridad.
Y creo que merece la pena comenzar por ver si somos capaces de dar con todas esas cosas buenas. Tarde o temprano lo haremos, y deberíamos dar lo mejor de nosotros mismos, poner las cartas sobre la mesa, y sobre todo, disfrutar.
No dejemos ir a las buenas oportunidades, porque el mundo no está llena de estas, y son un tesoro.
Yo creo que no tengo miedo a comenzar, y voy a dar lo mejor de mí.
Un enorme agradecimiento a un psicólogo estupendo, que ha sido el ideador del tema, y sobre todo la inspiración para el desarrollo del mismo.
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