lunes, 22 de abril de 2019

Ahora

Lo que nos ha pasado nos preocupa. Pero la historia no se puede rescribir, lo hecho, hecho está.

El futuro también nos preocupa. Pero no está bajo nuestro control aquello que aún no ha sucedido.

Nos preocupamos por el presente, pero es tan breve, dura apenas un suspiro, no nos damos cuenta de que está pasando, y para cuando somos conscientes de ello, ya forma parte del pasado.

Vivimos en un estado de preocupación constante, con respecto a lo que hemos vivido, que lo cargamos a cuestas; respecto a lo que queremos o esperamos vivir, y lo que ello supone; y lo que actualmente vivimos, que viene condicionado por lo que hemos sido y, a su vez determinará lo que seremos.

Es todo un complejo entramado, y nos molestamos demasiado tiempo en pensar en ello. Deberíamos intentar vivir al máximo al presente y dar menos importancia al pasado, dejarnos fluir hacia el futuro. 

No con esto quiero decir que tengamos que olvidar quiénes fuimos o quiénes queremos ser, pero tenemos que centrarnos en el ahora, porque es AHORA cuando somos, cuando podemos disfrutar, aprender, conocer, vivir...

Siempre habrá tiempo para arrepentirse, por ello lo mejor es no darle vueltas a las cosas, tenemos que ser quienes queremos ser ahora, porque eso nos va a llevar lo que queremos ser en un futuro. Obraremos en consecuencia, sin dejar atrás nuestras raíces. No tenemos que ir de la mano de lo que está por acontecer y lo acontecido para que nos acompañe.

Esto lleva unos días ya atormentándome, y necesitaba escribir sobre ello. 

A unos les pasa más que a otros, pero en general estamos constantemente preocupados por lo que hemos hecho, o lo que no hemos hecho, y lo que queremos hacer en un futuro, lo que podremos, etc. Hasta cierto punto es normal, porque nos importa el progreso de nuestra vida y la de nuestros seres queridos, pero se convierte en un problema cuando ocupan tu pensamiento de forma habitual. 

Cuando el pasado y el futuro nos abordan y se convierten en nuestro yo actual se vuelve patológico,  no nos deja vivir, que nos drena la energía y la ilusión por la vida. No podemos estar asustados de lo que el futuro nos depara o lo que hemos hecho, simplemente vivamos, vamos a intentar ser felices mientras podamos, y sacar provecho de la situación al máximo, sea favorable o no. 

No podemos dejarnos hundir por el paso del tiempo, porque no va a dejar de transcurrir para nosotros. 

En un instante,  nuestro presente será pasado, y nosotros ya seremos futuro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario