Llorar es algo normal, algunas personas tienen más facilidad para hacerlo, otras son más propensas, otras personas tratan de ocultarlo, pero todos lo hacemos tarde o temprano. Lo relevante al respecto es el motivo por el cual acabamos en tal situación.
Infinidad de cosas, vistas según la perspectiva de cada uno, pueden tener un efecto en nosotros que provoque el llanto. Las lágrimas no nos devuelven aquello que hemos perdido, aquello que extrañamos, o nos curan el dolor que sentimos, pero de algún modo alivian nuestro alma, tiene una finalidad terapéutica para con nosotros mismos.
Soy una persona que llora con mucha facilidad, sin importar el sitio o el momento, me cuesta controlarme. Llora, débil, crédula, estúpida... He pensado tantas cosas cuando he llorado sobre que lo estaba haciendo, que no me he dado cuenta que, en muchas ocasiones, he dado lágrimas a situaciones y personas que no se lo merecen.
Esas personas, situaciones, se pueden quedar con mis lágrimas. El daño ya está hecho, y me han ayudado a ser mejor persona, a ver las cosas de otra forma, a evolucionar y madurar con ellas. Por cada lágrima caída, yo me he hecho más fuerte, y con las futuras pasará lo mismo. Es un proceso de cambio, dinámico, que no parará nunca.
Por otra parte, quiero esas lágrimas de vuelta. No merecen haber sido vertidas en ciertas ocasiones. He sido muy exagerada y dramática, por partes iguales, y muchas veces he estado tan ciega que no he visto venir lo que tenía de frente. Una persona que desde el principio no se ha portado bien contigo no merece ni una gota, situaciones que tienen solución tampoco.
Resulta llamativo que, para aprender eso, tengamos que llorar. Para saber qué es lo que realmente supone "llorar", en qué situaciones deberíamos hacerlo y en cuáles no es que no debamos, sino que no merece la pena. Hay situaciones en las que invertir energías y darles tal importancia no hace sino provocarnos más sufrimiento y prolongar el sollozo.
Me remito, por ejemplo, a una situación muy reciente, en la que no fui capaz de ver lo que se me avecinaba, y cuando me di el golpe sufrí mucho más de lo que debía. Quiero que te quedes con mis lágrimas, porque con ello me enseñaste lo que no quería ni merecía, gracias por haberme mostrado el camino correcto. Pero también quiero que me las devuelvas, porque no te las mereces.
Soy una persona que llora con mucha facilidad, sin importar el sitio o el momento, me cuesta controlarme. Llora, débil, crédula, estúpida... He pensado tantas cosas cuando he llorado sobre que lo estaba haciendo, que no me he dado cuenta que, en muchas ocasiones, he dado lágrimas a situaciones y personas que no se lo merecen.
Esas personas, situaciones, se pueden quedar con mis lágrimas. El daño ya está hecho, y me han ayudado a ser mejor persona, a ver las cosas de otra forma, a evolucionar y madurar con ellas. Por cada lágrima caída, yo me he hecho más fuerte, y con las futuras pasará lo mismo. Es un proceso de cambio, dinámico, que no parará nunca.
Por otra parte, quiero esas lágrimas de vuelta. No merecen haber sido vertidas en ciertas ocasiones. He sido muy exagerada y dramática, por partes iguales, y muchas veces he estado tan ciega que no he visto venir lo que tenía de frente. Una persona que desde el principio no se ha portado bien contigo no merece ni una gota, situaciones que tienen solución tampoco.
Resulta llamativo que, para aprender eso, tengamos que llorar. Para saber qué es lo que realmente supone "llorar", en qué situaciones deberíamos hacerlo y en cuáles no es que no debamos, sino que no merece la pena. Hay situaciones en las que invertir energías y darles tal importancia no hace sino provocarnos más sufrimiento y prolongar el sollozo.
Me remito, por ejemplo, a una situación muy reciente, en la que no fui capaz de ver lo que se me avecinaba, y cuando me di el golpe sufrí mucho más de lo que debía. Quiero que te quedes con mis lágrimas, porque con ello me enseñaste lo que no quería ni merecía, gracias por haberme mostrado el camino correcto. Pero también quiero que me las devuelvas, porque no te las mereces.
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