Y en cuando mi lado oscuro aparece, renace, se cierne sobre mí como una máscara que no me permite ver las cosas como lo hago habitualmente. Esta máscara me ciega, me quema, duele llevarla, pero tengo que luchar por quitármela, y vivir con ella, porque de nada sirve quitarla cuando el problema viene de dentro, y volverá a aparecer, tarde o temprano.
Una máscara hecha de dolor, humillación, vergüenza, odio, asco, miedo, y todo eso dirigido hacia la misma persona: hacia mí.
Levantarse y odiarse, concebirse insignificante, inútil, insuficiente, un desperdicio... Pero no puedo dejar que estas ideas se hagan con mi control, porque sino mi destino estaría ya escrito, y estaría encaminado a dejar de existir. Y me niego a concebir tal idea, nunca voy a acceder a esa tregua que me ofrecen mis demonios, tratando de convencerme de lo que no soy y lo que no quiero.
De nada sirve intentar espantar a mis demonios, porque en realidad son parte de mí. Huir no es la idea más sensata, como no lo es negar su existencia tampoco. Tengo que luchar diariamente contra ellos, una guerra incansable en la que espero salir victoriosa.
Pero, como ya he dicho antes, no hay ganadores ni vencedores, sino un periodo de latencia entre guerra y guerra, nadie gana, solo es cuestión de esperar. Podría decir que yo gano siempre, porque sigo aquí, y estoy escribiendo esto.
No pienso rendirme, ni doblegarme ante estos episodios, porque yo soy más fuerte. No voy a intentar convencerme de que en lo que me convierto cuando me pongo esa máscara es lo que soy, porque mi yo real está tras ella, y es cuestión de tiempo que me la quite y deje ver nuevamente mi rostro.
Antes pensaba que tal vez con el tiempo esto me dejaría de ocurrir, que tal vez algo iba mal conmigo. Lejos de la realidad, esto es algo normal que pasamos todos, y que nos convierte en lo que somos, nos hace fuertes y nos permite madurar y evolucionar como personas.
Con el paso del tiempo he aprendido a vivir con esto, todos tenemos nuestros demonios, y yo no soy menos y, al igual que el resto, con el paso del tiempo aprendo nuevas estrategias para confrontarlos.
Y así continuará, ad infinitum.
No hay comentarios:
Publicar un comentario