domingo, 7 de septiembre de 2014

Wings of Destiny-Cap.13: Sight of the crown






No sabía qué hacer cuando terminé de hablar con Haru. Tarde o temprano me caería una regañina por haber abandonado mi puesto de trabajo, y Sharon me pediría una explicación con respecto a mi herida. Estaba atrapada en una especie de callejuela sin salida. Era tarde, pero no lo suficiente como para ir a mi habitación a descansar y a tratar de olvidar todo lo que había pasado por ahora. Fui a buscar a Dave, al fin y al cabo tenía que cumplir con mi trabajo si quería conservar la cabeza en sus sitio. Pregunté a varias personas personas dónde estaba, y tras averiguarlo fui directa, si tenía algo que decirme, que fuese ahora. Estaba en la sala real, reunido con Gund, probablemente estuviese explicándole al príncipe lo que había pasado. Llamé a la puerta y entré, no se habían percatado de mi presencia, lo cual fue un alivio:

-Usted me envió a su consejero y me dijo de su parte lo que teníamos que hacer. Como usted tenía plena confianza en él supuse que eso era lo correcto -dijo Gund-.

-¿Eso crees? Debes de consultarme cualquier cosa antes de hacerla. Si no sale de mi boca no es mío, deberías de saberlo. Si no fuese así, cualquiera podría decir que ha ido en mi lugar para que le consigáis prostitutas o alcohol... Ah, sinceramente, siempre pensé que tenía en mis manos a un ejército competente, pero me habéis demostrado con vuestra "gran hazaña" de qué pasta estáis hechos.

-Lo sentimos, de verdad, pero créame, alguien nos ha engañado, yo intenté hacer mi trabajo. Pensé que su consejero me comunicó la salida imprevista en su lugar porque usted estaba ocupado con los preparativos de la boda...

-No, Gund, las escusas no valen a estas alturas. Me dices que han pasado cosas sin sentido alguno, y que he perdido a una cantidad considerable de soldados, además de provisiones que se perdieron por la "gran aventura". Por una parte os pondré una penalización a todos los soldados, cuando se me ocurra bajaré en persona a decírosla, para que no vuelvan a engañar a mi ejército de inocentes criaturas -Dave empleó un tono sarcástico para humillar más a Gund-. Y por otra parte, quiero que encontréis a mi consejero, le interroguéis y que diga quién fue quien intentó deshacerse de mi ejército tan fácilmente. Y ahora lárgate antes de que se me ocurran más cosas -soltó, finalmente Dave-. ¿Tú qué haces aquí?

-¿Yo? -no sabía si se refería a mí-.

-Sí, tú. Además de fea eres tonta, ¿no? -estuve a punto de sacar el arma, pero me lo pensé dos veces-.

-Lo siento, señor, sólo venía a preguntarle si quería algo.

-Que trabajes, eso quiero, maldita vaga. ¿Para eso te pago?

-No me paga, lord Mustaine...

-Y nunca lo haré -se rió-. En fin, después de estos días enferma, tienes mucho trabajo. Pero no se me olvida que tienes que recuperar 3 días de trabajo perdidos.

-Sí, claro... ¿Quién le dijo que estaba enferma?

-Haru, la única persona de la que me puedo fiar hoy en día, al parecer. Sólo espero que no tengas esa enfermedad aún para no contagiármela. Si te quieres morir, adelante, me da igual. Estoy harto de todos vosotros.

-Si me muero no tendrá quién limpie el estropicio, genio.

-¿Qué has dicho?

-Dejémoslo en un vale -suspiré-. Ahora le sirvo la cena.

-Tienes que preparar dos, Simone está aquí.

-Vale -dije, sin entusiasmo alguno-.


No me habían echado la bronca, sólo se habían metido un poco conmigo, pero qué más da, era algo que me merecía y a lo que ya estaba acostumbrada. Preparé la cena para los futuros reyes y se la serví. Después limpié y me fui a mi habitación, di por terminada mi jornada de trabajo. Tenía que darle las gracias a Haru por haberme salvado el pellejo. Ya eran dos las veces que había tenido suerte y me había salvado, pero no quería tentar a la suerte para que hubiese una tercera a la que no poder hacer frente y caer en el intento. Me tumbé en la cama esperando dormirme más echarme, estaba agotada después de tanto estrés, sustos, gasto energético y frustración. Me acordé de mi hermano, de mi madre, de Jerry, de mi espada (Dracarys), de mi aldea... A lo mejor habría estado bien quemarse allí, con mi gente, y no estar aquí, porque aunque me haya salvado no me siento viva. Me habría gustado hablar con Per, lo echaba tanto de menos... No hacía nada más que recordar buenos momentos del pasado...y pensar que ya nunca volverán. Cuando creces nadie te dice que la vida se vuelve mucho peor, debería de ser lo primero a tener en cuenta.

Dejé mis pensamientos negativos a un lado. Aún seguía sin entender muy bien algunas cosas de las que ocurrieron en Finlandia. ¿Quién creó la ilusión? ¿quién la desestabilizó creando una puerta para salir de ella? Podía ser cualquier persona, incluso varias que se querían divertir a costa de unos inocentes visitantes. Cuando me quise dar cuenta, mis pensamientos ya no tenían nada de coherencia entre sí y me acabé durmiendo.

El rato que tardé en dormirme el día anterior se notó al día siguiente. No me levanté tarde, pero estaba más cansada que el momento en el que me había ido a dormir. Veía todo borroso, incluso me costaba identificar a las personas con las que me encontraba por los pasillos del palacio. Meh, con que pudiese hacer mi trabajo bien me daba igual mi estado. Alguien me dio en el hombro y me paré, aunque me sentí un poco insegura al no saber de quién se trataba:

-¿Qué pasó con nuestros ensayos? -me preguntó una mujer, la cual estaba segura de que era Joan-.

-Oh, lo siento, lo olvidé totalmente. En estos días he tenido mucho que hacer, y ya sabes, el trabajo es el trabajo...

-Jajaja, no pasa nada, supongo que cuando mi hermano sea rey todo volverá a la normalidad.

-O no, quién sabe. ¿Cuándo va a ser la boda?

-Dentro de tres días. No sé por qué le urge tanto a Simone, ahí hay algo raro...

-Ya te digo, si yo la caí bien... Normal no puede ser -emití una risa amarga, tanto que parecía más bien un llanto agonizante-.

-No seas así, mujer. Que trabajes sirviendo a los demás no significa que merezcas que te traten mal, A mí también me caes bien y yo no soy muy rara dentro de lo que cabe, ¿no? -Joan se rió-.

-Eso espero.

-Ya sabes, si necesitas hablar o algo de ayuda, aquí me tienes -dijo Joan mientras me daba un abrazo-. Oye, ¿sabes manejar la espada?

-Eh...no,  ¿por? -me estaba empezando a asustar con aquella pregunta trampa-.

-Por nada, simplemente quería demostrarle a mi padre que las mujeres también pueden luchar, y quería hacer un ejército propio con chicas que sepan manejarse bien a la hora de luchar. ¿Conoces a alguien a quien pueda interesarle?

-Sí, conozco a alguien, pero tengo que encontrarla y hablar con ella sobre el tema... ¿Es urgente?

-No, claro que no, ni siquiera sé si podré hacerlo.

-Pues te deseo mucha suerte, Joan. Yo me voy ya, que tengo que preparar el desayuno, limpiar, seguir las demás órdenes de Dave, y bla bla bla. Adiós.


Estaba muy sorprendida, tenía que tomar una decisión ya mismo. Había mentido a Joan por seguridad, no quería precipitarme y caerme con todo el equipo. "Mi amiga" era yo, pobre inocente... Me planteé dos posibilidades: la de quedarme en mi puesto actual y la de ir al ejército de mujeres. Si seguía como estaba, mi rutina sería la misma, pero no progresaría ni conseguiría llegar a nada. Si me decantaba por ser solado tendría que entrenar muy duro para estar a la altura, sería un riesgo muy grande y peligroso para tomar, pero si saliese bien, los resultados serían magníficos. Tendría que consultarlo con la almohada o con alguien de confianza, es decir, con nadie. No sabía si se lo podría decir a Eddie, nos habíamos hecho buenos amigos, pero tampoco tanto como para que me ayudase a tomar una decisión tan importante como esa. Respiré hondo y seguí con mis tareas.



~~~~~~~~~~~~~El día de la boda de Simone y Dave~~~~~~~~~~~~~~




Todo el mundo iba con ropas elegantes, con peinados extravagantes y sonrisas tan falsas como los amigos. Una sala llena de hipocresía, egocentrismo y farsas, por doquier. No estaba enfadada por que esa gente tuviese tanto y yo tampoco, al fin y al cabo nunca he necesitado más de lo que había tenido, estaba enfadada por el evento en sí. Las bodas, un acontecimiento único en el que se reúnen cientos, o incluso miles de personas que no se conocen para fingir que se alegran por ver a dos personas casándose. Los juglares también podían hacer buenas imitaciones de estos acontecimientos, y sin embargo no tenía nada que ver con esto. En el gran día de la boda yo formaba parte de los camareros que servían a los invitados, no podía tener el honor de servir a los anfitriones. ¿Una criatura decrépita como yo? Vamos, ni en broma.

Todo el mundo quería estar cerca de Simone, era el centro de atención con su impresionante vestido, que debía de pesar tanto como llevar una vaca en brazos. Y todo lo que la rodeaba eran hombres, claro, cómo no. Hasta los soldados tenían permiso a estar en la boda de invitados. Les compadecía, tener que aguantar a gente que no conoces, o incluso que conoces pero no la quieres ver ni en pintura tiene que ser muy estresante. Me tocaba servir las bebidas. Todo el mundo quería beber vino de gran calidad, claro, pero preferían ver cómo me caía yo, reírse y burlarse. Después ya bebían lo que quedase en la jarra, o me insultaban y me mandaban a por otra para volver a repetir la bromita. Me hubiese gustado llevar mis cuchillas encima, pero tampoco sabía usarlas, ¿de qué me serviría? Para nada, para humillarme más, como hacía cada segundo de mi vida, y cada vez con más intensidad. Respiré hondo y seguí con el trabajo. Cada vez estaba más decidida a entrar al ejército de mujeres que Joan estaba organizando, con tal de irme de aquel lugar de mierda, aquella tortura con forma de castillo. Cuando todo el mundo parecía estar satisfecho, me senté en una silla para descansar un poco, al menos estaba moviendo mi gordo trasero. Simone se levantó para decir unas "palabras":

-Quiero decir que estoy muy agradecida por ser vuestra reina. No, más que eso, soy vuestra amiga, aquí me tenéis, podéis contar conmigo para lo que queráis. Junto a mi querido Dave llevaremos a este reino a ser más, a crecer, expandirse, enriquecerse, a culturizarse y a ser referencia para todo el mundo. Confíen en mí, ciudadanos"


"Confíen en mí, ciudadanos ricos con los que nos interesa relacionarnos, a los pobres que les den", quise añadir. Me habría gustado ser más impulsiva para decir lo que realmente sentía, a lo mejor así la situación cambiaba un poco.

Mientras se servía el postre, unos juglares entraron en escena para hacer una actuación estelar, como se esperaba de ellos. Y la hicieron.

Miré a mi alrededor para ver por dónde podía salir, ya había terminado con mi colaboración en la boda. A lo lejos, sentados en el trono vi a Simone y Dave, ambos con dos coronas, aparentemente de oro macizo. Al lado, a Joan compartiendo mesa con James, que a pesar de haber sido desterrado de la familia, le habían invitado a la celebración, y al otro lado de los nuevos reyes estaban Sharon y Ozzy, que alzaban la cabeza con orgullo. Y entonces se apagaron las antorchas que iluminaban la sala. Se oyeron una serie de sonidos que no pude identificar con precisión: gritos, metal chocando contra metal, huesos quebrándose y risas siniestras. Por arte de magia se volvieron a encender, y lo primero que pude ver fue un suelo lleno de un líquido un poco espeso color escarlata. Sangre.

¿Por qué no me habían matado a mí también? -fue lo primero que pensé-.










Quiero dar las gracias a las personas que me han ayudado a escribir este precioso capítulo de esta mierda de novela ciertamente auto-biográfica. Nunca antes me había sentido tan "en la piel" de Kayle. Y desde aquí saludo a Nacho, que es una mezcla entre Eddie y Joan, y al parecer se enganchó a esta novela a la que pronto la llegará su final c:

No hay comentarios:

Publicar un comentario