lunes, 11 de noviembre de 2019

Do you know who you are?

Estoy en ese momento de la vida.

En ese momento en el que necesito quererme, cuidarme y respetarme, y trabajar duro en ello, porque es algo que jamás había hecho antes, esforzarme, pero sobre todo dejar que las cosas fluyan mientras. Por otra parte, también necesito explorar nuevos horizontes, conocer, explorar, salir de mi locus amoenus y ver de lo que soy capaz, de lo que los demás son capaces, y de qué ocurrirá en un futuro.

Tengo ganas de evolucionar como persona, crecer, y de hacerme todo tipo preguntas, explorar sus límites y alcanzar un mayor grado de conocimiento al respecto, ser más sabia sin dejar de ser la persona que soy.

Y una de las preguntas que, según el momento de nuestra vida en el que nos encontremos nos formulamos es, ¿sé quién soy? o ¿quién soy? Puede que hasta determinado momento lo tuviéramos muy claro, pero el "ciclo", por así decirlo, creo que no se comienza hasta que nos lo preguntamos, es decir, nuestro verdadero viaje vital empieza cuando empezamos a conocernos a nosotros mismos.

Uno de los puntos que me hizo plantearme esta reflexión fue mi conducta respecto a "ser querida". Estaba muy equivocada cuando pensaba que el problema a esa "infelicidad" que yo en parte tenía era debido a que no poseía ningún ¿romance? (realmente no sé cómo encuadrarlo), el error fue no querer escuchar lo que los demás me decían, hasta que yo misma lo sentí que, aunque fue tarde, supongo que no lo suficiente como para poder hacer algo al respecto. Frases que mis amigos y familiares me decían como "tu felicidad no puede depender de una persona que no seas tú" o "hasta que tú no te quieras nadie lo va a hacer" han cobrado sentido para mí, y no puede ser más cierto, ni yo haber estado tan ciega como para no haberme dado cuenta antes, pero tampoco me voy a culpabilizar por ello porque cada persona es un mundo y cada uno tenemos nuestros demonios, contra los cuales hemos de luchar de manera constante. 

Pasamos mucho tiempo intentando conocer lo que nos rodea, a los que nos rodean, e intentamos con toda esa información determinar correlaciones y conclusiones para tener una vida que se pueda regir por una serie de patrones, de hechos impepinables. Ello nos confiere seguridad, como es lógico, pero hasta que no rompemos la cadena de esa seguridad y nos introducimos en el mundo de lo desconocido, de las interrogantes, no comenzamos a conocer el mundo y a evolucionar.

¿A qué viene todo esto? Puede sonar egocéntrico, individualista, ridículo, o incluso egoísta, pero yo soy la persona más importante que tengo, y en realidad esto es así para todo el mundo, la existencia consiste principalmente en la supervivencia del ser, y ya después vienen el resto de acontecimientos; es decir, aunque lo sepamos todo de lo que nos rodea, si no nos conocemos a nosotros mismos tenemos un grave problema. 

Y es que el hecho de conocernos, de saber quiénes somos, constituye la base de lo que luego será la edificación de nuestra vida. Como es lógico, se pueden poner algunos esbozos sobre papel, pero hasta que no fijamos dicho punto de partida que constituye nuestra identidad (y todo lo relacionado con la misma), no hay un comienzo como tal. No se puede llegar a ser realmente feliz sin tener una idea de quiénes somos. 

Y, partiendo de lo anterior, igual que es importante conocernos, también lo es respetarnos, cuidarnos y querernos, y por ello intento esforzarme en conseguir instaurarlo como un hábito, porque si tenemos buena base, lo que venga después se podrá cambiar si es necesario, será estable, y nos proporcionará una gran satisfacción personal. Podemos querer cambiar algo, porque nadie nace siendo perfecto, y ni intentándolo eternamente llegaríamos a serlo, pero partiendo siempre de la base de quién somos, de no querer cambiarnos al completo, de aceptarnos, de no negarnos quiénes somos.

Y bien, querido lector, ¿sabes quién eres?

Tenlo siempre presente, y jamás lo olvides, ni dejes que nadie lo cambie. Tal vez suene demasiado místico, pero no puedes escapar del destino, y si hay algo que realmente está determinado desde el mismo momento de tu nacimiento es tu propio ser, no podemos renegar de quiénes somos, ni avergonzarnos de ello. 

No te arrepientas de quién eres.


martes, 27 de agosto de 2019

El precio que tenemos que pagar

La tormenta que ha habido recientemente me ha hecho pensar sobre los cambios tan repentinos y fortuitos de temporal que están teniendo lugar últimamente lo cual, a su vez, me ha hecho reflexionar sobre el cambio climático, sobre cómo nos estamos cargando la tierra y como nos estamos metiendo de cabeza en la boca del lobo, destruyendo todo lo que nos encontramos a nuestro paso.

No voy a ponerme a soltar falsedades, ni a ser hipócrita ni falsa moralista, ni a poner verde a determinadas personas, porque no se trata de eso. Esto ya va más allá, al menos, según como yo lo veo.

La Tierra es nuestro hogar, y alberga vida con la que nosotros, que somos parte de esta, interactuamos. Y precisamente ahí es donde surge el problema, el conflicto se origina cuando el ser humano se aproxima a esa vida, los usamos en nuestro beneficio sin tener en cuenta las posibles consecuencias.

Directamente esas consecuencias no las vemos, pero poco a poco, nuestro comportamiento imprudente, inconsciente y egoísta está acabando con todo lo que había sido nuestro hogar. Sobreexplotamos especies, contaminamos todo rincón habido y por haber, quemamos terrenos llenos de vegetación, y ni siquiera levantamos la vista para ver todo el daño y la destrucción que hemos provocado. 

No nos sentimos mal, ni culpables, y mucho menos responsables. Y lo más curioso de todo es que luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando hay una tormenta colosal en agosto o nos hartamos a lamentarnos por los incendios que vienen de la mano del interés propio y beneficio de poderosos sujetos o por el descuido e inconsciencia de algún individuo, respecto a los cuales no emprendemos ninguna acción, o solo lo hacen unos pocos (sin probabilidad de éxito dada la minoría). 

Hay personas, como es lógico, que son conscientes de todo esto, de que estamos acabando con aquello que nos permitió desarrollarnos, y de que no vamos a tener que esperar que a la tierra como planeta le suceda algo ajeno a nuestra acción para "pulverizarse", porque es la misma la que está causando su muerte, que es lenta, pero no tanto como nos pensamos. 

Si antes nos sorprendíamos y asustábamos cuando de pequeños nos ponían el documental de turno en el que se hablaba de la "extinción" del planeta Tierra, aludiendo a dicho episodio como algo que ocurriría dentro de muchísimo tiempo, ¿qué será de esa situación en un par de décadas? No tengo la respuesta, pero puedo poner la mano en el fuego a que la cifra ya no será, ni de lejos, tan lejana a la nuestra.

No ansío el fin de nuestra existencia, aunque por el tono de mi discurso pueda parecerlo, sino lo que quiero es que haya una mayor concienciación sobre lo que estamos causando y una actitud mucho más proactiva respecto a esto. Hay cosas que ya no se pueden modificar cambios que hemos desencadenado que ya no pueden ser revertidos, y es algo con lo que tendremos que aprender a vivir, pero sobre todo, parar ese tranvía sin frenos en el que se ha convertido nuestra especie respecto al resto de la existencia sería un gran paso para impedir la evolución del problema, porque, aludiendo a la metáfora anterior, en cualquier momento va a proceder a chocarse y, para cuando se produzca el impacto, ya será demasiado tarde para poner el freno.

Nuestra propia insensatez es la que nos está llevando a incurrir cada vez más en el error, nos impide ser conscientes de lo estamos haciendo, autojustificándolo como "eso es algo que pasará dentro de mucho" y que, por lo tanto, no merece la pena actuar sobre ello. Nos tenemos que quitar la venda que nos impide ver la verdadera situación ante la que estamos expuestos, reconocer nuestros errores y cambiar, sobre todo lo último. 

"Un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad" citando al famoso astronauta Neil Armstrong, no puede ser más conveniente y acertada esta frase porque, en realidad, una pequeña acción de muchos puede hacer grandes cambios y suponer la diferencia...

Estamos acabando con el aire, con el agua, con los animales, con la vegetación... En resumidas cuentas, con la vida. Y me pregunto, ¿qué será lo siguiente?


domingo, 14 de julio de 2019

Here's to Us

Te has caído alguna vez, ¿verdad? Una, dos, tres veces... probablemente tantas que no seas capaz de contarlas 

Y en el momento, cuando estamos en el suelo, las cosas se ven muy mal, apelamos a nuestro lado más negativo y pesimista y salir adelante lo vemos complicado, incluso podemos quedarnos atascados así durante mucho tiempo, atrapados en nuestra propia experiencia, retroalimentándonos y culpándonos de lo que ya no se puede cambiar. 

Sin embargo, lo más habitual es que, poco a poco, nos vayamos levantando, nos sacudamos el polvo y volvamos a la andada, porque es ley de vida, no podemos evitarlo, y mientras podamos seguir adelante, lo vamos a hacer, independientemente de lo que nos cueste.

Es inevitable equivocarse, cometer errores y caer, porque la vida es una concatenación de eventos agridulces, momentos positivos y negativos que acaban conformando lo que somos a día de hoy, nos vuelven más sabios y más fuertes, y nos permiten evolucionar a muchos niveles, sobre todo a nivel personal.

No podemos pasarnos la vida pensando en lo malo que nos ha ocurrido, nos ocurre o nos puede ocurrir, porque es ley de vida que cosas así sucedan, y es entonces cuando tenemos que mostrarnos más fuertes, porque el tiempo pasa muy rápido, y podemos perdernos muchas cosas por centrarnos en aquello que realmente no merece la pena o no hace de nuestra vida algo mejor y, además, nada es para siempre, lo bueno y lo malo tienen fin.

Ignorar nuestros problemas no es la solución tampoco, nos equivocamos y lo correcto sería afrontar nuestros errores y sus consecuencias posteriores, porque es lo que realmente nos hace personas.

Tendríamos que, por encima de todo, querernos y cuidarnos, porque tenemos toda una vida por delante con nosotros mismos, y pensar en lo que nos gustaría ser pero nunca seremos lo único que nos provocará será esa sensación que antes he mencionado de estar atorado, de haber caído y no tener fuerzas para levantarse.

Reconozcamos que nos equivocamos, que no somos perfectos, que hacemos cosas mal, y que, a pesar de todo eso, deberíamos brindar por estar aquí, de poder decir lo mucho que nos equivocamos o lo imperfectos que somos, porque gracias a eso podemos ver las otras muchas cosas buenas que hacemos o las enormes cualidades que poseemos.

No se trata de una competición, yo al menos creo que no es necesario ni racional desear más que el resto, ¿para qué? Tal vez sea una actitud "conformista", pero creo que me basta con tener cosas buenas y malas de las que estar orgullosa, porque básicamente son lo que me caracteriza, y eso sí que va a estar siempre conmigo. Y en el caso del resto lo veo exactamente igual.

Renegar de lo que hemos hecho mal, por ejemplo, sería engañar a los demás y, sobre todo, a nosotros mismos, por lo que creo que es importante reconocer lo que hacemos mal y tenerlo presente, porque no deja de formar parte de nosotros mismos, de nuestra historia y de nuestro continuo proceso de aprendizaje.

Somos tanto lo bueno como lo malo, y todos nos conformamos de ese modo. Puede que nos parezca que hay personas que no han vivido tantos malos momentos como otras, pero lo más probable es que hayan afrontado dichas coyunturas de un modo diferente, y tenemos que tenerlo siempre presente.

Y, al igual que esto no es una competición (es la vida), desear el mal a los demás tampoco debería ser algo que ocupe nuestro tiempo, porque no merece la pena dedicarle parte de nuestra vida, por muy breve que sea el instante, a algo así. Mejor invertirlo en la gente que queremos, en nosotros mismos...

En resumidas cuentas, con este batiburrillo trataba de hacer una reflexión sobre lo importante que somos, así como la historia que tenemos detrás, y lo que debería significar para nosotros. Tenemos que mantenernos siempre fuertes porque, aunque la vida nos da golpes muy duros, todo acaba pasando, y tener presente que las cosas cambian y el tiempo pasa rápido.

Al fin y al cabo, lo que deberíamos hacer es no renunciar nunca a nuestros sueños, no permitir que nada nos hunda, levantarnos y desear el bien a todo el mundo, sin dar excesiva importancia a aquellas cosas que no la tienen ni prestar demasiada atención a esas personas que no nos aportan nada.

Porque, a fin de cuentas, es nuestra vida y nosotros elegimos cómo vivirla. Y deberíamos brindar por ello.


miércoles, 26 de junio de 2019

Again

Por muy difícil que sea, por mucho que cueste, nos gusta entenderlo todo, ns produce una gran satisfacción personal, aunque a nivel individual es más que probable que no nos aporte nada, y menos que nos reporte algún tipo de beneficio. 

Somos curiosos por naturaleza, eso es algo innato en el ser humano, nos gusta saber dónde nos encontramos y las posibilidades que tenemos, y cuando algo sucede, queremos tener toda la información que nos sea posible recopilar sobre dicho episodio.

Pero la realidad nos golpea duramente en la frente con nuestra capacidad limitada para procesar datos, información...

En muchas ocasiones, para comprender una situación tenemos que conocer el contexto, porque sino generamos lo que se conocen como "opiniones por control remoto", es decir, que hacemos una deducción y una valoración de lo que ha ocurrido según nuestros conocimientos, sin saber qué era lo que rodeaba a esta circunstancia.

Por suerte o desgracia, en general nos solemos informar sobre el contexto para hacer estas evaluaciones, lo cual nos acerca a un punto de vista más cercano a lo que ha pasado pero, hay un gran problema al que nos enfrentamos, y es que, aunque hay situaciones que solo se pueden entender según el contexto, hay situaciones que nunca se podrán entender.

Simplemente no las podemos entender, por mucho que tengamos conocimientos sobre el entorno, las circunstancias, etc., no encontramos la explicación lógica y ya.

¿Por qué no paramos de pensar en ello entonces? Vamos a conformarnos con lo que sabemos, y a dejar ir aquello a lo que nuestra mente no alcanza comprender.

No, nosotros no funcionamos así, yo me incluyo la primera. Intentamos convencernos de que hay una explicación hasta tal punto que nos podemos obsesionar, generalmente porque nos puede el "morbo", la curiosidad, el por qué de todo, como el caso de Watson en la película de Sherlock, que principalmente se involucraba en las investigaciones y los casos por la curiosidad, su necesidad por "saber" le podía. Porque todo tiene que tener una explicación, ¿no?

A menudo me cuestiono esto, porque hay muchas cosas que no comprendo, ya no porque no haya una explicación científica y no la entienda, sino, refiriéndome a aquellas situaciones en las que no entiendes lo que ha sucedido, porque no les veo el sentido. Por qué hacer algo, actuar de una forma determinada, y luego cambiar radicalmente, sin motivo aparente.

Cada vez me parece más frecuente, o tal vez es que antes no me fijaba tanto, aunque apostaría principalmente por lo primero.

En estos casos, cuando se tiene que dar una situación por "cerrada", como si de un caso sin resolver se tratase, lo adecuado sería no pensar más en ello, ya que no nos va a aportar nada, es algo que no entendemos, y probablemente jamás lo haremos, pero nos puede la curiosidad y pecamos de entrometidos, lo cual interfiere claramente en nuestro día a día, perjudicándonos, aunque en realidad nos intentamos convencer de que estamos bien y que eso no nos importa, y que no pensamos en ello. Pero en el fondo sabemos que eso es mentira, y que no vamos a dejar de pensar en ello hasta que llegue un punto en el que lo demos definitivamente por perdido y nos rindamos, u otro asunto capte nuestra atención y dejemos el que antes estaba en nuestro punto de mira apartado.

¿Por qué lado de la balanza me decanto, pues? Es una pregunta complicada, porque dejar de lado el asunto y seguir con mi vida sería claramente lo que más beneficios me aportaría, pero yo, tal y como el resto, soy curiosa y, por mucho que lo intentase, le daría vueltas a la situación, mucho más de lo que me esperaría imaginar de mí, y más aún respecto a lo que los demás esperarían de mí. Así que con eso creo que respondo a la cuestión.

Mi conclusión después de todo esto es que no lo entiendo, y a pesar de que me gustaría, estoy convencida de que seguirá siendo así...



viernes, 21 de junio de 2019

Ojo por ojo...

Si alguien me hace algo, independientemente de que sea bueno o malo, ¿se lo tengo que devolver, o lo puedo/debo dejar pasar?

Es una cuestión complicada y, como todo, depende del punto de vista de cada uno, de la perspectiva individual de la situación o de este tipo de tesituras demandantes de acción u omisión. 

Ponernos en un lado u otro no es lo bueno, ya sabemos que los extremos nunca son favorables, pero en este caso nos vamos a mojar un poco, porque sino esto no tiene demasiada gracia.

Me podría considerar una firme defensora de la ley del Talión, de Hammurabi ("ojo por ojo, diente por diente") en ciertas ocasiones, y dudo que haya alguien que haya pecado de esto. Llamadlo venganza, rencor, justicia, etc., pero no va a dejar de ser el mismo concepto, básicamente buscamos devolver lo que nos han dado. En general, vamos a referirnos al concepto de dar lo mismo que recibimos como "retribución", que no deja de ser más o menos eso.

En situaciones positivas no es un tema que genere controversia, ya que a todo el mundo le gusta recibir cosas buenas de los demás, ya sean tangibles o no. 

Pero cuando entramos en el lado contrario, lo que identificaríamos como "retribución negativa", la opinión cambia tajantmente. Hay mucha gente que se escandaliza y considera devolver el daño provocado por mera convención social, es decir, el afán del individuo por generar una imagen positiva de sí mismo ante los demás es lo que les mueve a no admitirlo. 

Seamos sinceros, todos lo hemos pensado más de una vez, y probablemente deseado al sujeto o sujetos recibir el mismo daño que han provocado. ¿Por qué? Muy simple, queremos que se haga justicia, cuando alguno de nuestros derechos son vulnerados, esperamos que haya un castigo para el ejecutor de dicho perjuicio, y en muchas ocasiones no pasa nada, todo se queda como estaba. 

Cierto es que haber sufrido un determinado daño no nos da la potestad de poder devolverlo, pero sentimos la necesidad de que se haga "justicia", y es incluso factible que hagamos algo por físicamente para que se cumpla. Normalmente nos limitamos a pensarlo, a soñar con la idea de que, aquello que nos han hecho, lo sufra la otra persona para experimentar lo mismo que nosotros y sea consciente de ello, y hasta cierto punto lo consideraría un pensamiento normal. Es cuando se vuelve constante e interfiere en nuestra vida cuando nos puede llegar a ocasionar problemas, y es a partir de aquí donde yo me distancio del "ojo por ojo, diente por diente".

Como he mencionado anteriormente, nos podemos limitar a pensar en ello, o podemos pasar a la acción y ejecutarlo, de tal modo que proyectemos aquello que nos han hecho sobre aquellas entidades que hayan intervenido. 

Y esto me lleva a pensar en una película muy famosa, más por el gore que por la historia que cuenta, Saw. La idea sobre la que gira el universo de esta película es que hay una individuo con grandes conocimientos en mecánica y una ira desgarradora que busca hacer justicia ante aquellas situaciones sobre las que el sistema no actúa, ya sea por corrupción, falta de interés, etc. Es decir, el "protagonista" decide tomarse la justicia por su propia mano al ver que estas personas van provocando daños y merecen ser castigadas por ello, puestas a prueba para ver si merecen la pena o no. 

Y es aquí donde reconectamos con la ley del Talión. Aplicar la justicia que creemos que ha de llevarse a cabo por nosotros mismos es muy peligroso según el contexto. Puede ser una situación tan inocente como un niño que asusta a otro porque este le ha asustado antes, pero podemos encontrarnos casos mucho más graves, los cuales pueden hacer peligrar la integridad física incluso de la persona contra la que se aplique, como por ejemplo sería el caso de John Kramer en Saw. 

Y es por esto que tenemos que ser plenamente consciente de lo que estamos haciendo en todo momento, y no creernos justicieros, porque ni siquiera existe la justicia. Muchas veces lo mejor es dejar las cosas fluir, seguir adelante y tratar de olvidar el daño que nos hayan provocado, sea cual sea.

Podemos querer venganza, a a veces eso es normal, estoy totalmente de acuerdo, pero tenemos que basarnos en vivir. Por lo tanto, vive y deja vivir, o vive y deja morir, pero que las cosas fluyan.


domingo, 16 de junio de 2019

Forever is a long time

El futuro es incierto, y es que nadie nos puede decir con seguridad qué es lo que va a pasar.

Por mucha capacidad que tengamos, por mucho que lo creamos, no sabemos qué es lo que el día de mañana nos depara, puede que esté bajo nuestro control o puede que dependa de elementos externos, no lo sabemos, nunca lo sabremos hasta que pase.

Durante toda nuestra vida tratamos de orientar nuestra vida para determinar nuestro futuro, para lograr aquello que nos proponemos, el paraíso idílico que para nosotros el mañana implica, y puede que en ocasiones lo consigamos, pero también cabe la posibilidad de que no sea así. Quién sabe.

También creemos que si conseguimos llegar donde nos proponemos seremos absolutamente felices, y nadie dice que eso vaya a ser así, incluso lo que el destino cambia del rumbo lo hace mucho más interesante, y como dicen, no es solo la felicidad que debe proporcionar llegar a ese sitio, sino de disfrutar del viaje, porque este nos puede resultar mucho más enriquecedor y satisfactorio que lo que obtenemos como resultado.

Y volviendo a la premisa inicial, nadie sabe qué será de mí mañana, ni de ti, ni de nadie, el futuro es incierto, caprichoso, no depende exclusivamente de nosotros. 

Pero nos gusta creer que así es, que depende solo de nosotros. Claro, en parte si depende de nosotros, pero somos 50% lo que hacemos y 50% lo que viene de fuera.

Desde mi punto de vista, me gustaría creer que ciertas cosas el día de mañana ocurrirán, pero tengo que barajar la posibilidad de que no sea así, aunque lo quiera con todas mis fuerzas. 

Tal vez una promesa, la expresión de una voluntad futura, no llegue nunca, y quede reducido a palabras, que en su momento pudieron sonar esperanzadoras y dar ánimos. Nunca se sabe.

Con esto no quiero decir que debamos estar desanimados y no hacer nada al respecto, todo lo contrario: en nuestras manos está luchar por aquello que queremos y deseamos, hacer frente a los cambios de fuera y evitar que estos obstaculicen nuestras metas, por muy inevitables que sean o complejos nos puedan resultar. Si las cosas no salen como queríamos o intentamos, no tenemos que desanimarnos, nadie pone una fecha límite a nuestras metas, o al menos nadie debería hacerlo, y eso nos tiene que animar a dar no solo el 50% de nosotros, sino llegar al 100%.

Es posible que con esto intente convencerme de que si, por ejemplo, esas palabras no se llegan a cumplir, no habrá sido por mi culpa, porque sé que yo he hecho todo lo que ha estado en mi mano para que se cumpliese. No sé hasta qué punto he hecho lo que he podido, pero quiero creer que he hecho lo mejor, y que he seguido el camino que esperaba.

A eso me refiero, no podemos saber qué pasará mañana, pero sí podemos ir a por ello, y luchar hasta conseguirlo, porque nada ni nadie nos lo debería impedir, es cuestión, entre otras cosas, de creer en ello, pero ser conscientes de que no todo está bajo nuestro control. 

Siguiendo con el ejemplo, no sé si esas palabras se transformarán en hechos, ojalá que así sea, pero yo sé que voy por el buen camino. Si el día de mañana no es así, sentiré una profunda lástima por lo perdido, pero al menos podré seguir estando segura de que hice lo que creí correcto para llegar a la situación que quería, y que si no pudo ser, no fue por mí.

En esta obra no hay un papel protagonista y secundarios, sino que cada uno juega un papel importante en su historia, así como en la de los demás.


viernes, 7 de junio de 2019

Finales

Ya sean de una serie, de un libro, de una etapa, de una relación...todos somos conocedores de lo que es un final, y de lo que cada final va a suponer para nosotros, cómo va a impactar en nuestra persona, cómo lo vamos a procesar y cómo nos va a cambiar, entre otras muchas cosas. 

Los finales son muy variados, como ya sabemos, y según el impacto nuestro nivel de procesamiento cambia. Como es lógico, a los finales que mayor implicación tienen sobre nosotros, sobre todo a nivel emocional, son a los que más importancia damos. Y eso es porque las emociones son un faro que utilizamos frecuentemente para guiarnos y tratar de entender las cosas, a veces incluso más que la propia lógica y racionalidad individual.

Así como todo empieza en algún momento, también acaba, por desgracia nada dura para siempre, en ninguno de los sentidos posibles a abarcar.

El sentimiento que nos queda después de que algo acabe depende principalmente de la situación o el elemento en cuestión que haya terminado. Hay cosas que queremos que finalicen, como los exámenes. Nos sentimos libres, aliviados, relajados cuando ocurre. También hay situaciones neutrales que no nos aportan demasiado, y no llegan a generarnos un impacto emocional, ni positivo ni negativo, como para mí sería el ejemplo del final de "Juego de Tronos".

Pero cuando hablamos de finales en general solemos referirnos a situaciones negativas, que nos han provocado una reacción de malestar, dolor, sufrimiento, melancolía, etc. Y todos hemos vivido situaciones de estas tres tipologías, algunos más que otros.

Además, hay que tener en cuenta la perspectiva, la cual va a condicionar la interpretación del hecho, que a su vez va a determinar la emoción que se derive de dicho suceso. No es la misma interpretación de un mismo suceso la que hago yo que la que hace una persona de mi entorno, por mucho que nos parezcamos, porque hay demasiadas variables intermedias que definen el resultado.

Sea como fuere, son situaciones normales. Los finales, como ya he mencionado, se dan siempre, y es algo con lo que tenemos que vivir, y aprender a adaptarnos y a superarlos cuando se complican y tienen repercusiones sobre nosotros, las cuales tenemos que aprender a manejar.

Respecto a aquellos eventos que queremos que acaben, dejémoslo de lado y no nos martiricemos pensando en ello, porque tarde o temprano acabará, y si le damos demasiada importancia pueden provocarnos una tremenda disfuncionalidad de la que, tal vez, aunque el suceso termine, no nos podamos recuperar. No hagamos de lo negativo algo patológico, aprendamos a vivir con ello. "Vive y deja vivir"

De lo neutral no hay mucho que decir, al ser contextos poco implicativos no nos exigen ningún cambio, suceden, y están ahí, coexistiendo espacio-temporalmente con nosotros.

Lo finales que más me dan que pensar son aquellos en los que algo bueno termina. Te puede resultar previsible o no, y creo que el hecho de no verlo venir, cuando menos presente tuviésemos ese supuesto cuando se da, mayor reacción nos provoca, y más dificultades para hacerle frente, por así decirlo, hay una mayor "intensidad" y "frecuencia" del sentimiento negativo, ya sea dolor, humillación, tristeza, soledad, etc. Puede llegar a ser muy difícil afrontar estas situaciones, son un proceso, más o menos lento, que requiere reflexión, y a la vez no. Creo que la clave en estas circunstancias es centrarse en el presente, y no vivir en el pasado ni en el futuro. Si algo bueno ha acabado tenemos que quedarnos con el recuerdo, y no pensar en él constantemente, sino usarlo para curarnos, superar la situación, porque así nos volveremos más fuertes. Y como decía antes de lo positivo, si nos quedamos atrapados en esta situación, todo lo que experimentamos se puede volver patológico, y nos va a hacer mucho daño. En estas situaciones creo que debería estar más normalizado pedir ayuda, buscar alguien con quien hablar, ya sea un especialista, un amigo, etc.

Tenemos que tener presente principalmente que es un proceso, que en cada persona tiene una duración diferente, y es diferente también. Además, nadie nos da las herramientas para afrontar estas situaciones, salen de nosotros mismos con la experiencia, por ello no nos tiene que dar ningún miedo o vergüenza pedir ayuda si vemos que la necesitamos, sea la situación que sea.

He de decir también que es importante que, cuando estemos viviendo algo bueno, sea lo que sea, no obcercarnos pensando en qué será lo que pueda ir mal o que se va a acabar. Es vital disfrutar de las cosas, porque el hecho de que acaben no significa que hayan muerto, sino que se convierten en una historia que nos podemos recordar.

Así como los comienzos, los finales también son parte de nosotros, y como tal los conservaremos, porque es el modo de contar la historia de nuestra vida.

Somos comienzo y a la vez final.


sábado, 1 de junio de 2019

Equilibrio

Qué sería de lo bueno sin lo malo. Y viceversa.

Muchas veces lo malo tiene que llegar para que apreciemos lo bueno, y otras veces simplemente lo malo llega porque lo bueno se ha acabado. Tal vez no ha sido su fin, tal vez ha sido el final de un capítulo, pero no el de la historia. No tenemos que darnos por vencidos fácilmente, porque es un ciclo, como la vida en sí, y lo normal y adaptativo es que no se mantengan estables.

Hablando de adaptativo, tenemos una concepción muy generalizada de lo "bueno" que es lo bueno y lo "malo" que es lo malo, pero en muchas ocasiones actúan como fruto envenenado. Lo malo puede ser bueno para nosotros cuando se trata, por ejemplo, evitar que nuestros derechos sean vulnerados, caer enfermo para que algo tóxico de nuestro cuerpo sea expulsado... En general esto nos hace más fuertes. 

Diría que lo mejor de lo "malo" para mí es la acción de llorar, porque en mi caso tiene una labor curativa muy importante, que me permite analizar la situación, verla con otra perspectiva y apreciar mejor lo que tengo. Y no creo ser la única persona que piense así. 

Lo "malo" de lo bueno también es importante considerarlo, sobre todo respecto al proceso de transición de lo bueno a lo malo, que puede llegar a ser muy doloroso. Perdemos algo bueno de nuestra vida, lo cual nos hace sentir mal, y necesitamos un tiempo para volver a ese estado de bienestar que nos proporcionaba lo bueno, pero sin ello, o puede que no lleguemos a perderlo, puede tratarse de un cambio doloroso. 

De cualquier forma, tenemos que impedir que la posibilidad de que lo bueno se esfume nos atormente y esté constantemente en nuestra cabeza, porque sino no vamos a poder disfrutar de lo que tenemos o lo que somos.  

Ni lo bueno ni lo malo duran para siempre, están en constante evolución, progresan, se intercambian los roles, es como una danza, o mejor dicho, una lucha, por gobernar un cuerpo durante un tiempo determinado. No sabemos quién ganará, incluso pueden interferir la una en la otra, provocando una transición de lo bueno-malo o al revés.

Puede no estar bajo nuestro control, nos vemos enormemente influidos por el entorno, nuestro contexto es fundamental y determinante en muchísimos casos, ya no solo depende de la personalidad de cada uno, aunque depende del caso.

Lo bueno provoca unas emociones, y lo malo otras, se pueden intercala, solapar, etc., pero  son inevitables. Y es que, como ya he mencionado anteriormente, qué sería de lo bueno sin lo malo, y viceversa. No valoraríamos una sonrisa sin conocer el precio, por ejemplo, de la amargura, la tristeza o la ira, y no conoceríamos la utilidad del llanto si algo no lo provocase.

Este tema da muchísimo que pensar y hay mucha literatura al respecto, y cada uno tiene su opinión al respecto. Probablemente lo que ahora escribo sea objeto de discrepancia de muchas personas, pero como todo sobre lo que reflexiono, es mi opinión.

Me resulta de gran utilidad ponerme reflexiva y plantearme estas cuestiones, sobre todo en horas de necesidad suelo recurrir a estos pensamientos, cuando estoy transicionado de lo bueno a lo malo, y estoy asumiendo mi situación.

Voy a ser absolutamente sincera, la primera línea y el título lo tenía escrito hace más de una semana, así que el tema lo iba a tratar sí o sí, pero la forma de abarcarlo ha cambiado enormemente por los acontecimientos más recientes de mi vida.

Doy las gracias a todas las personas, tanto las que están a mi lado, como las que no están ahora mismo pero espero que estén en un futuro, acompañándome y haciéndome feliz. Seguro que sabéis quiénes sois porque sabéis quién soy.


También quiero dar las gracias a la gente que lee lo que escribo, gracias por seguirme y leer mis barbaridades.


lunes, 6 de mayo de 2019

Confianza

Se tarda tanto en conseguir y tan poco en perder que resulta efímera, pero depositarla en alguien es una de las sensaciones más estupendas que hay. 

La primera persona en la que debería verse esto reflejado y la más importante es nosotros mismos. Tenemos que confiar en lo que somos, lo que hacemos, y de lo que somos capaces, o de . Son muchos los recursos que tenemos que invertir para poder confiar en nosotros, y es imposible hacerlo todo el tiempo, porque las inseguridades existen, son inevitables y somos humanos. Por otra parte el exceso de confianza en uno mismo también es contraproducente, pues la inseguridad tiene un papel evolutivo clave, el cual es, según mi opinión, evitar que sobreestimemos las circunstancias. 

Entonces, si la confianza es necesaria, y tener confianza en nosotros mismos es fundamental, pero un exceso es claramente malo, ¿qué hacemos? ¿Vagamos en el limbo, entre la seguridad y la incertidumbre?

Como dicen, en el término medio se halla la virtud, y es muy difícil determinar hasta qué punto es bueno confiar y cuándo es necesario dejar de hacerlo, supongo que depende de cada persona. Así que podría responder a la pregunta anterior con un "Depende". 

Lo único que parece claro en este caso es que no tener nada de confianza es generarnos un nuevo enemigo que nos estará acechando toda nuestra vida: nosotros mismos. 

Puede costarnos muy caro no confiar en nosotros mismos, sobre todo el determinadas tareas, y lo digo con conocimiento de causa. Durante años he sido mi peor enemiga, y poco a poco salgo de ese proceso cíclico en el que me vi envuelta de autodestrucción. Lo que me permitió salir y seguir, fue empezar a confiar, no solo en otras personas, sino también en mí misma. 

Tanto entrar como salir es un proceso de duración indeterminada, y se necesita fuerza, valentía y coraje. 

Respecto a confiar en otras personas, es algo más complicado, porque realmente cuando te enfrentas a este tipo de situaciones es como lanzar una moneda, en la que una cara representa el bien y la otra el mal. Cuando conocemos a alguien no podemos saber de primeras si merece la pena confiar en ese persona porque desconocemos sus intenciones, lo que busca y hasta dónde está dispuesta esa persona a llegar para conseguirlo. De primeras siempre damos una parte de nosotros esperando recibir lo mismo del resto, y lo que nos puede ocurrir se puede simplificar en dos posibles supuestos: que la otra persona confíe en nosotros y forme parte de nuestra vida, o que la otra persona tome esa confianza que se le ha dado y la use en su beneficio, e incluso en nuestro perjuicio en muchas ocasiones. 

Conocer a alguien supone un riesgo, podemos salir perjudicados, pero no vamos a dejar de hacerlo, porque las posibilidades de que salga mal son las mismas de que salga bien, y el riesgo nos merece la pena (al fin y al cabo, somos seres "racionales"). 

En mi caso he vivido, como todo el mundo, ambas situaciones: tanto confiar en alguien y obtener un perjuicio, como confiar y recibir lo mismo de los demás. A las dos categorías me remito para dar las gracias, porque si las cosas no hubiesen sucedido tal cual lo han hecho, yo no sería quien soy ahora. Las personas que me hicieron daño me han enseñado a dar poco a poco la confianza, y a valorarla mucho cuando la recibo.

Y para aquellas personas que me dieron su confianza, tanto las que están como las que no, les tengo que dar gracias infinitas, porque me han enseñado que hay gente en la que merece la pena mucho confiar, y que hacen el mundo mejor. 

Tal vez el mundo no se dé cuenta, pero sé que el mío sí lo hacen mejor, así que si estáis leyendo esto, gracias, porque sé que habré sido desconfiada, pero merece la pena cada ápice de mí que intento depositar en vosotros, y viceversa.


miércoles, 24 de abril de 2019

Daemones

Cada día es una lucha constante contra mí misma. Gane o pierda, da igual, porque la batalla continúa ad infinitum. Puedo estar bien conmigo misma durante un tiempo, pero en general no suele durar mucho.

Y en cuando mi lado oscuro aparece, renace, se cierne sobre mí como una máscara que no me permite ver las cosas como lo hago habitualmente. Esta máscara me ciega, me quema, duele llevarla, pero tengo que luchar por quitármela, y vivir con ella, porque de nada sirve quitarla cuando el problema viene de dentro, y volverá a aparecer, tarde o temprano.

Una máscara hecha de dolor, humillación, vergüenza, odio, asco, miedo, y todo eso dirigido hacia la misma persona: hacia mí.

Levantarse y odiarse, concebirse insignificante, inútil, insuficiente, un desperdicio... Pero no puedo dejar que estas ideas se hagan con mi control, porque sino mi destino estaría ya escrito, y estaría encaminado a dejar de existir. Y me niego a concebir tal idea, nunca voy a acceder a esa tregua que me ofrecen mis demonios, tratando de convencerme de lo que no soy y lo que no quiero.

De nada sirve intentar espantar a mis demonios, porque en realidad son parte de mí. Huir no es la idea más sensata, como no lo es negar su existencia tampoco. Tengo que luchar diariamente contra ellos, una guerra incansable en la que espero salir victoriosa.

Pero, como ya he dicho antes, no hay ganadores ni vencedores, sino un periodo de latencia entre guerra y guerra, nadie gana, solo es cuestión de esperar. Podría decir que yo gano siempre, porque sigo aquí, y estoy escribiendo esto.

No pienso rendirme, ni doblegarme ante estos episodios, porque yo soy más fuerte. No voy a intentar convencerme de que en lo que me convierto cuando me pongo esa máscara es lo que soy, porque mi yo real está tras ella, y es cuestión de tiempo que me la quite y deje ver nuevamente mi rostro.

Antes pensaba que tal vez con el tiempo esto me dejaría de ocurrir, que tal vez algo iba mal conmigo. Lejos de la realidad, esto es algo normal que pasamos todos, y que nos convierte en lo que somos, nos hace fuertes y nos permite madurar y evolucionar como personas.

Con el paso del tiempo he aprendido a vivir con esto, todos tenemos nuestros demonios, y yo no soy menos y, al igual que el resto, con el paso del tiempo aprendo nuevas estrategias para confrontarlos.

Y así continuará, ad infinitum.

lunes, 22 de abril de 2019

Ahora

Lo que nos ha pasado nos preocupa. Pero la historia no se puede rescribir, lo hecho, hecho está.

El futuro también nos preocupa. Pero no está bajo nuestro control aquello que aún no ha sucedido.

Nos preocupamos por el presente, pero es tan breve, dura apenas un suspiro, no nos damos cuenta de que está pasando, y para cuando somos conscientes de ello, ya forma parte del pasado.

Vivimos en un estado de preocupación constante, con respecto a lo que hemos vivido, que lo cargamos a cuestas; respecto a lo que queremos o esperamos vivir, y lo que ello supone; y lo que actualmente vivimos, que viene condicionado por lo que hemos sido y, a su vez determinará lo que seremos.

Es todo un complejo entramado, y nos molestamos demasiado tiempo en pensar en ello. Deberíamos intentar vivir al máximo al presente y dar menos importancia al pasado, dejarnos fluir hacia el futuro. 

No con esto quiero decir que tengamos que olvidar quiénes fuimos o quiénes queremos ser, pero tenemos que centrarnos en el ahora, porque es AHORA cuando somos, cuando podemos disfrutar, aprender, conocer, vivir...

Siempre habrá tiempo para arrepentirse, por ello lo mejor es no darle vueltas a las cosas, tenemos que ser quienes queremos ser ahora, porque eso nos va a llevar lo que queremos ser en un futuro. Obraremos en consecuencia, sin dejar atrás nuestras raíces. No tenemos que ir de la mano de lo que está por acontecer y lo acontecido para que nos acompañe.

Esto lleva unos días ya atormentándome, y necesitaba escribir sobre ello. 

A unos les pasa más que a otros, pero en general estamos constantemente preocupados por lo que hemos hecho, o lo que no hemos hecho, y lo que queremos hacer en un futuro, lo que podremos, etc. Hasta cierto punto es normal, porque nos importa el progreso de nuestra vida y la de nuestros seres queridos, pero se convierte en un problema cuando ocupan tu pensamiento de forma habitual. 

Cuando el pasado y el futuro nos abordan y se convierten en nuestro yo actual se vuelve patológico,  no nos deja vivir, que nos drena la energía y la ilusión por la vida. No podemos estar asustados de lo que el futuro nos depara o lo que hemos hecho, simplemente vivamos, vamos a intentar ser felices mientras podamos, y sacar provecho de la situación al máximo, sea favorable o no. 

No podemos dejarnos hundir por el paso del tiempo, porque no va a dejar de transcurrir para nosotros. 

En un instante,  nuestro presente será pasado, y nosotros ya seremos futuro.


martes, 16 de abril de 2019

Dead poet

Regálame una jaula, para que no me pueda escapar.
Quítame la sonrisa, evítame disfrutar
Provócame el llanto, hazme sangrar
Átame de pies y manos, pero no me podrás callar

"Vuela libre, pajarito,
vuela libre en la jaula"
Decía el carcelero
mientras amenazaba con la espada

Palabras vacías, sonidos huecos
Paredes angostas, sufrimientos eternos
No les escuches, no te hace falta
Todo lo que necesitas saber, te lo inventas
Tortura a la princesa, deja libre a las ratas

Mentiras, irá, traición, injusticia
de mi mano en nunca fueron
Pero tú así lo diste por hecho
Culpándome de tus errores, y nunca de tus aciertos

Pienso que si me despido de tu realidad
tal vez me lo agradezcas, sonreirás
pero no te voy a dar ese gusto
Lo siento, pero a eso no llegaré jamás

No me voy a rendir, pienso luchar
Nunca voy a mirar atrás, el daño hecho está
Pero jamás voy a olvidar lo que me has hecho
Nadie lo hará y no voy a dejar de luchar

Cuando mi corazón deje de latir,
cuando la última de las lluvias caiga
cuando no hayan más lágrimas
Sabrás que la deuda está pagada


lunes, 15 de abril de 2019

I want my tears back

Las lágrimas ya han caído, pero nunca es tarde para reconocerlo y, menos, para decirlo.

Llorar es algo normal, algunas personas tienen más facilidad para hacerlo, otras son más propensas, otras personas tratan de ocultarlo, pero todos lo hacemos tarde o temprano. Lo relevante al respecto es el motivo por el cual acabamos en tal situación.

Infinidad de cosas, vistas según la perspectiva de cada uno, pueden tener un efecto en nosotros que provoque el llanto. Las lágrimas no nos devuelven aquello que hemos perdido, aquello que extrañamos, o nos curan el dolor que sentimos, pero de algún modo alivian nuestro alma, tiene una finalidad terapéutica para con nosotros mismos.

Soy una persona que llora con mucha facilidad, sin importar el sitio o el momento, me cuesta controlarme. Llora, débil, crédula, estúpida... He pensado tantas cosas cuando he llorado sobre que lo estaba haciendo, que no me he dado cuenta que, en muchas ocasiones, he dado lágrimas a situaciones y personas que no se lo merecen.

Esas personas, situaciones, se pueden quedar con mis lágrimas. El daño ya está hecho, y me han ayudado a ser mejor persona, a ver las cosas de otra forma, a evolucionar y madurar con ellas. Por cada lágrima caída, yo me he hecho más fuerte, y con las futuras pasará lo mismo. Es un proceso de cambio, dinámico, que no parará nunca.

Por otra parte, quiero esas lágrimas de vuelta. No merecen haber sido vertidas en ciertas ocasiones. He sido muy exagerada y dramática, por partes iguales, y muchas veces he estado tan ciega que no he visto venir lo que tenía de frente. Una persona que desde el principio no se ha portado bien contigo no merece ni una gota, situaciones que tienen solución tampoco.

Resulta llamativo que, para aprender eso, tengamos que llorar. Para saber qué es lo que realmente supone "llorar", en qué situaciones deberíamos hacerlo y en cuáles no es que no debamos, sino que no merece la pena. Hay situaciones en las que invertir energías y darles tal importancia no hace sino provocarnos más sufrimiento y prolongar el sollozo.


Me remito, por ejemplo, a una situación muy reciente, en la que no fui capaz de ver lo que se me avecinaba, y cuando me di el golpe sufrí mucho más de lo que debía. Quiero que te quedes con mis lágrimas, porque con ello me enseñaste lo que no quería ni merecía, gracias por haberme mostrado el camino correcto. Pero también quiero que me las devuelvas, porque no te las mereces.


sábado, 13 de abril de 2019

Comienzos

Caerse, levantarse, y seguir adelante. Todo se resume en esto.

La vida es un constante devenir de emociones, sensaciones, experiencias, ilusiones, ideas, proyectos... Y no nacen de la nada, sino que todos tienen un inicio.

Los comienzos son difíciles en la gran mayoría de casos, supone adentrarse en lo desconocido, ir con cautela porque nos introducimos en un nuevo mundo del cual podemos salir heridos o victoriosos.

Comenzar algo nuevo tiene un riesgo para nosotros, y aún sabiéndolo, nos disponemos a cruzar el umbral que supone nuestra zona de confort para descubrir hasta dónde podemos llegar. En muchos casos salimos damnificados de la situación, y es cuando caemos.

Caemos, y creemos que no podemos volver a ponernos en pie, pero la vida sigue, y con esfuerzo nos enderezamos y seguimos nuestro camino, porque queremos saber qué nos depara el futuro.

Y comenzamos de nuevo, esta vez con más miedo y cautela que las veces anteriores, porque de la experiencia se aprende, pero con atisbos de esperanza, no podemos darlo todo por perdido, porque ha pesar de lo que haya ocurrido, no tiene siempre que darse la misma situación. Y tal vez ocurra lo mismo, pero tal vez no.

Huyamos del miedo, porque realmente no tenemos nada que perder, y seamos optimistas o nos quedaremos sumidos en nuestro sepulcro de autodestrucción (del cual solo nosotros nos podremos sacar).

Se trata de empezar de nuevo, con pasos pequeños pero con seguridad, sin temer a lo que pueda pasar, dejarse fluir y esperar a ver qué pasa. Los comienzos deberían ser así, por muy complejos que nos puedan resultar, porque es cierto que, para llegar a tener esa seguridad sobre nosotros mismos, tendremos que habernos caído y levantado consecutivamente muchas veces, tal vez incluso nos parezcan demasiadas y seguro que pensamos que no lo merecemos. Eso en parte es cierto, pero no nos centremos solo en eso, porque entonces cerraremos muchas puertas sin siquiera haberlas intentado abrir.

Nos hemos caído antes muchas veces, ¿y qué? Nada nos impide seguir, y comenzar de nuevo, porque no todo va a ser siempre malo. Igual que estas caídas son muestran el odio, el asco, la ira, la desconfianza, el egoísmo, la soledad, la desesperación, el interés, etc. del mundo, también nos enseñan a valorar lo bueno que se nos presenta, como el cariño, la sinceridad, la empatía, la fuerza o la solidaridad.

Y creo que merece la pena comenzar por ver si somos capaces de dar con todas esas cosas buenas. Tarde o temprano lo haremos, y deberíamos dar lo mejor de nosotros mismos, poner las cartas sobre la mesa, y sobre todo, disfrutar.

No dejemos ir a las buenas oportunidades, porque el mundo no está llena de estas, y son un tesoro.

 Yo creo que no tengo miedo a comenzar, y voy a dar lo mejor de mí.



Un enorme agradecimiento a un psicólogo estupendo, que ha sido el ideador del tema, y sobre todo la inspiración para el desarrollo del mismo.




sábado, 6 de abril de 2019

Palabras

Una concatenación de intenciones, una serie de letras que buscan un fin, las exteriorizaciones de una cierta o incierta voluntad. Palabras...

Se puede decir tanto y a la vez tan poco con las palabras que resulta imposible hablar de todos los supuestos que se podrían dar en esta realidad.

Pero si algo es cierto es que son efímeras, y aunque estén escritas, pueden encerrar multitud de significados.

Las palabras se utilizan con frecuencia masiva para dar validez y veracidad a nuestros compromisos, pero sin nuestra voluntad e intencionalidad, esas palabras están vacías. No significan nada.

Las palabras también son un arma, que puede llegar a ser más poderosa que cualquier elemento tangible. Tanto lo que se dice como lo que no se dice, o lo que se pretende decir y lo que realmente es. Palabras que juzgan, palabras que estigmatizan. palabras que se clavan como si de un puñal se tratasen.

Deberíamos medir nuestras palabras, y decir lo que realmente sentimos. Acompañarlas de hechos que demuestren que lo que se dice, o lo que no se dice, es cierto. Esas palabras que quedan anuladas por la realidad son palabras vacías, un arma con un gran potencial dañino.

Las palabras en determinados contextos tienen una importancia muy considerable, pero no deberíamos quedarnos solo en ellas. Las palabras deberían estar siempre respaldadas por hechos que demuestren la veracidad de las mismas. Si no, como ya he dicho antes, nos encontramos ante palabras vacías.

Tal vez las palabras impliquen una cosa, pero son los hechos los que determinan la certeza de esto. Y resulta tan, pero tan doloroso que hechos y palabras no se correspondan entre sí , que deberíamos ser especialmente cuidadosos con lo que decimos, queremos decir, y realmente pensamos y haríamos o haremos.

Es preferible no hacer uno de palabras cuando no vamos a poder comprometernos con los hechos que estas suponen. Las personas tienen sentimientos, y podemos herirlos profundamente si no pensamos las cosas dos veces antes de decirlas. Si la intención va encaminada a la mentira, buscar engatusar a la otra persona con palabras, pero a la hora de la verdad mostrarse impasible, en ese caso qué decir, las víctimas dirán en su lugar...

Cosas como la confianza, en un abrir y cerrar de ojos se pueden esfumar. Es algo muy difícil de conseguir, y tan fácil de perder... Usar bien las palabras, y procurar que estas sean coherentes con nuestros actos.

Las palabras son muy valiosas y pueden hacer mucho daño, úsalas bien.


lunes, 1 de abril de 2019

No cambies nunca

Me gustaría volver al pasado y hablar con mi yo de 15 años de esto, pero como lo veo muy difícil, lo mejor será prevenir, porque nadie debería pasar por cosas así, y por desgracia, es algo que todos hemos vivido.

Me han cortado las alas tantas veces que he perdido la cuenta, y no debieron hacerlo, nadie tiene derecho a hacer algo así. Y todo por querer ser como ahora mismo soy. En aquel momento pensaba que estaba mal, que lo que pensaba, lo que sentía, lo que veía, lo que quería, no era lo que debía, pero ahora sé que sí, que todo eso es lo que ahora mismo soy, y no quiero dejar de serlo nunca porque me encanta. A quien no le guste que no mire, así de simple, voy a forjarme con las herramientas que quiera, con el material que me dé la gana y del modo que mejor me parezca.

Y todo esto para llegar al tema principal, que es "No cambies nunca, por muchos peros que te pongan, por mucha cosas que te digan". Tú estás bien como eres, por favor, intenta ser feliz con eso.

La cosas son muy difíciles, y odiarnos a nosotros mismos o intentar ser quienes no somos para agradar a los demás, por poco que cambiemos, es lo más injusto que podemos hacer, porque si nos lo hace otra persona, podemos eliminarla de nuestra vida, pero si te lo haces tú mismo no puedes, simplemente, déjalo.

Nos podemos llegar a hacer mucho daño, de hecho, el mayor enemigo que podemos tener en nuestra contra somos nosotros mismos. Por eso no deberías odiarte, ni martirizarte por lo que eres o lo que no eres, y mucho menos estar constantemente echándote por tierra, porque NO lo mereces.

Te mereces ser sincero contigo mismo, y ser quien realmente llevas dentro. Deja que tu "yo" interior salga y vaya libre. No tengas vergüenza ni miedo, muéstralo con orgullo.

Siendo quien realmente sientes conseguirás ser feliz. Y por mucho que los demás te digan que no les gusta, que se rían, que te intenten hacer cambiarlo porque no lo ven "normativo", recuerda que en esta mundo, si hay algo que prima por encima de todo, es la diversidad, y no hay nada normativo como tal, no hay nada normal porque cada persona es un mundo, y tú tienes que ser el tuyo propio.

No dependas de nadie, ni de nada, sé tú mismo, y si eres feliz, nunca cambies. Sé como quieras ser, lucha por todo aquello que deseas por muy difícil que sea, porque el camino es duro siempre, pero la recompensa es el gran premio, y el camino que recorremos es el premio en sí.

Pregúntate a ti mismo, "¿Quién soy?" Y también "¿qué quiero? Y sigue lo que el corazón te dicte, sin mirar atrás, y haciendo de las palabras necias oídos sordos.

Levanta la cabeza y ve orgulloso por la calle, porque eres tú, y no hay nada mejor que eso. Nunca cambies, ni dejes que te cambien.




domingo, 31 de marzo de 2019

Fighter

"No necesito que me salves,no necesito que me cures,no te necesito a ti ni a tu antídotopara el cual yo soy mi propio veneno"

No necesitas a nadie, eres fuerte, tú solo puedes con ello. Tú puedes con todo.

Las cosas son complicadas, todos tenemos problemas, pero lo importante es superarse día a día, caer y volver a levantarse, luchar, sobrevivir, nunca dejar que la vida nos supere.

Si nos rendimos estaremos dando la razón a todos aquellos que nunca creyeron en nosotros, que buscaron la forma de impedirnos llegar a ser lo que queremos...

Sigue luchando. Repito esto mucho porque creo que es indispensable, y más tal y como están las cosas. Tenemos que aprender a dejar fluir aquello que no está bajo nuestro control, seguir adelante y dejarlo de lado si es necesario, porque es algo que no podemos controlar y no debemos dejar que nos supere.

Sobrevive y demuestra de lo que eres capaz. No dejes que tu persona dependa de otra, que lo que tú eres esté en otras manos, porque hay personalidades muy diversas, y puedes darte de bruces con una persona que busque hundirte, manipularte, dañarte, jugar contigo...

No busques un salvavidas, ni una cura, ni un antídoto, busca lo que tú quieras y necesites, pero que nunca dependa de otra persona que no seas tú.

Todos caemos alguna vez, unos más que otros, y depende de nosotros mismos levantarnos. Es cierto que hay apoyos que nos pueden facilitar el proceso, pero al margen de estos, deberíamos convencernos de que nosotros mismos deberíamos poder levantarnos solos, porque tal vez el día de mañana esos apoyos no estén por el motivo que sea, y entonces ¿nos podremos levantar?

Tal vez autosuficiente no sea la palabra adecuada, pero creo que la idea de valerse por uno mismo en situaciones complicadas es la clave. No con ello mantengo que debamos alejarnos de todos y no dejar que nos ayuden cuando se presenten, pero tenemos que ir con pies de plomo, o si no la caída será peor, y tendremos miedo de la vida, porque iremos con la idea más presente de que nos podemos volver a caer en cualquier momento.

En conclusión, caerse y levantarse, dejar que lo que nos rodea fluya y no intentar controlarlo todo. NO dejarnos en manos de nadie, ser nuestro principal soporte, y sobre todo, nunca dejar de luchar.

E ir siempre con la sinceridad por delante, no crear falsas realidades o creárselas a los demás. Ir con la verdad como bandera tal vez no te ahorre golpes, pero sí que les vas suavizar la caída a los demás.


sábado, 23 de marzo de 2019

Subsistencia

Enamorarse, desenamorarse,
caerse, levantarse
echar un vistazo atrás
y no ver nada

Un paso adelante, dos atrás,
y después la profunda oscuridad.
Dan paso a algo, al fin verás
que la esperanza resurge de la maldad

Mas es un proceso doloroso,
congela y quema a la vez,
lento y peligroso,
duele hasta quemar la piel.

Sigue, siempre hay que luchar
el camino es duro y cruel
nos dicen que lo bueno está al final
no sé si será verdad, pero hay que luchar

Un duro tormento supone,
cuando nada se interpone
siempre aparece algo en el camino
que nos impide pasar.

Con espada en mano,
y voluntad por oración
jamás dejes que el engaño
vire tu timón.

Poco más hay que decir,
así es la vida, vivir y morir
en un mundo de sufrimiento ciego
lucha continua contra tu ego.

Pero, nunca olvides...
No puedes huir
de las leyes naturales
vida y muerte, el fin.


sábado, 16 de marzo de 2019

Entropía del corazón

Palabras que se clavan como puñales
de mi desdicha, de mi condena,
agonía lenta, cadena perpetua
hirientes profundas señales

Mentiras que cobran vida
a través de las palabras,
se ciñen sobre mí, amargas,
creando una gran herida

La realidad se muestra,
demuestra la falsedad
que las palabras pueden llevar
una promesa que jamás llegará

Efímeros cuchillos,
desgarro de mi voluntad,
destello de maldad,
una promesa que jamás llegará

Intención sin emoción,
palabras sin significado.
Palabras vacías que causan estragos

Corazones rotos,
sonrisas desechadas
heridos por palabras,
avanzan hacia la estacada

Más fuerte que una bala,
más doloroso que una mirada,
se clava sobre mi pecho
y me sumo en la nada.

lunes, 11 de marzo de 2019

Demons in you

Que fluya, que corra, que vuele libre...

Fuera pasividad, de lado el conformismo, adiós a estar callado.

Bienvenida sea la ira, en todo su esplendor.

A veces hay que dejar las cosas fluir, no podemos tener todo bajo control, y no hay que olvidar que la ira es una emoción básica.

Sentir ira es como un volcán que se encuentra en erupción: se puede prever cuando va a aparecer, pero para evitarlo poco se puede hacer, y es inevitable contenerlo. Pero, como ya he dicho antes, hay que dejar que las cosas fluyan, y liberar ese sentimiento no es, ni mucho menos, nada malo.

Es algo fundamental, y es normal que sintamos ira cuando, por ejemplo, percibimos que nuestros derechos han sido vulnerados.

Pero consideremos también que a día de hoy está ciertamente mal visto "exteriorizar" esta emoción, y creo que es uno de los mayores errores en los que podemos incurrir en ese tipo de situaciones. Deberíamos normalizar que la gente se muestre tal y como se siente, ya que estar alegre es tan aceptable como estar triste, enfadado, asqueado, sorprendido o asustado.

Es lógico que no sea deseable ver a una persona bajo los efectos de una emoción negativa, pero también cumplen su función (no existen por hacernos sufrir, tienen una importancia evolutiva muy a tener en cuenta), y vivir significa aprender a gestionar esas emociones, a entenderlas y dejarlas fluir.

Porque nunca nadie dijo que ser humano fuese fácil, y de nuestros errores aprendemos. Que dejemos que alguien se siente mal si se da el caso no significa que no intentemos cambiar la situación para esa persona, simplemente tenemos que esforzarnos por entender, y no solo querer que nos entiendan, Ya no es solo ser vistos, sino también ver.

Vamos a intentar ver un poco más de lo que se muestra, a ver si así nos aclaramos un poco y somos capaces de ayudar cuando nos lo proponemos.

ADVERTENCIA: si ves a alguien enfadado, déjale estarlo, puede causar efectos secundarios irremediables. Para más información, consultar cualquier fuente psicológica fiable.

domingo, 10 de marzo de 2019

Dos días

Tan fugaz, a penas resulta perceptible,
tan fugaz que aún no ha empezado y acaba de terminar

Tan desgarrador que resulta audible
tan desgarrador que su eco me resulta familiar

Acompañada de campanas de muerte

Tan profundo que resulta interminable,
tan profundo que jamás se va a curar

Tan real, tangible,
tan real, injusto y mal

Acompañada de campanas de muerte

Enorme, horrendo, inmenso vacío,
anunciado por campanas de muerte
Soledad evocada, un martirio,
en manos de un inocente

Por cada lágrima que cae,
la herida se hace más grande
Fragmentado y abandonado,
la agonía se expande

Enorme, horrendo, inmenso vacío
anunciado por campanas de muerte.

jueves, 7 de marzo de 2019

En una sola palabra

Podría resumir todo lo que quiero decir con un simple "gracias", pero me gustaría desarrollarlo más, así que allá voy...

Han pasado muchas cosas, y desde que nací he sufrido cambios, tanto por dentro como por fuera. En ese proceso, que no ha hecho prácticamente más que empezar, he tenido rachas buenas y malas, como todo el mundo.

Me doy cuenta de que han sido muchos años en los que me he sentido sola, perdida, dubitativa...¿Qué es lo que estoy haciendo mal? Volviéndome a plantear esa pregunta unos años después, creo que puedo responderla, y darle el gusto a mi yo del pasado de pensar al respecto.

Lo primero que me gustaría es disculparme mi yo del pasado, porque fui muy mala, muy exigente, demasiado superficial y ni siquiera me di una oportunidad. Suerte que eso ha cambiado, y sé que esa parte de mí estaría orgullosa de la evolución.

Volviendo a la pregunta, ¿qué hago mal? No hay un patrón de cómo actuar, ni de cómo ser en la vida, así que por ese lado la pregunta en sí ya estaría mal formulada. Pero continuemos como si no fuese así. No he hecho nada mal, está claro que he cometido errores, y seguiré equivocándome, pero en mis manos no ha estado en ningún momento el poder de cambiar las cosas que se escapaban de mi control.

He conocido al egocentrismo, al interés, al desprecio, a la soledad, a la ira, al asco, a la envidia, a la humillación, al orgullo, a la desesperación...

Pero también he conocido a la amabilidad, a la simpatía, al coraje, al respeto, al cariño, la esperanza, el optimismo, la ayuda...

Por desgracia, cuando no tenía un criterio ni una madurez suficiente, tuve que enfrentarme a la oleada negativa. Tras el engaño de falsas amistades, se escondía todo eso, y lo que sirvió de precedente para elaborar toda la trama bajo una simple fachada. La soledad fue la mejor compañía que en ese caso se podía tener. Aquello provocó que cerrase muchas puertas, y que a gente que sí me quería no le dejase ayudarme. Mi peor enemiga era yo.

Han pasado ya años de eso, y creo que puedo compartir lo sucedido de esta forma, del modo más sincero que puedo. Y todo esto para demostrar que estaba equivocada, que mi yo de quince años no podría estar más confundida.

Discriminar toda esa toxicidad que me rodeaba me llevó a ser desconfiada, pero poco a poco han llegado personas a mi vida que me han demostrado precisamente lo equivocada que estaba.

Esas personas son un absoluto tesoro, se han ganado un sitio en lo más profundo de mi corazón. Si me caigo, no dudarían ni un instante en ayudar a levantarme. Y ya lo han hecho, y sé que en un futuro, si lo necesito, lo harán. Y yo lo haré por ellos también.

Esto que estoy escribiendo tal vez parezca que es una simple reflexión, pero en este caso, para mí, es mucho más que eso, porque es algo que llevaba dentro y necesitaba sacar, y creo que es un buen momento para hacerlo.

Esas personas han conseguido sacarme del pozo de autodestrucción en el que me encontraba, y convertirme en una persona feliz, siempre han estado ahí de la forma más desinteresada posible, y no creo que haya una forma humana posible de hacerles ver lo agradecida que estoy. También, volver a abrir la puerta y dejar a las personas que me querían ayudar y estar a mi lado que lo hiciesen fue importante. Gracias a todos.

Me habéis enseñado a quererme, a respetarme, y que en el mundo hay gente maravillosa, como vosotros. Sabéis que gran parte de lo que soy os lo debo a vosotros.

Porque se puede considerar que habéis salvado un alma, en este caso, la mía.

Vosotros me hacéis invencible, me habéis convertido en una persona más fuerte, más valiente, y en general (sobre todo) me hacéis muy feliz. Gracias por existir y por ser como sois, espero que no cambiéis nunca.

Sois mi razón para seguir adelante, y el motivo por el cual jamás voy a desistir en el intento.




miércoles, 27 de febrero de 2019

La paradoja de la llama

"La llama no descansa, pues vive en perpetuo conflicto entre dos rivales. Se adhiere a la mecha, absorbiendo sedienta el aceite que alimenta su existencia. Al mismo tiempo, ondula hacia arriba, buscado escapar de su prisión material. Sabe que su separación de la mecha sería el fin de su existencia como llama manifiesta y luminosa, y sin embargo así es su naturaleza." (Server, T, 2014)
Y todo, como no, viene de una canción. En este caso se trata de una canción melancólica, con profundas pinceladas tristes.

A veces se dan situaciones en la vida en la que nos encontramos en el lugar de esa llama, que intenta escapar, pero que está esposada a la mecha, que a su vez es la que permite su existencia.

Por otra parte, es bueno desahogarse de alguna forma. Tal vez ese sea el motivo por el cual yo estoy haciendo esto.

No sé cuál es mi destino, dónde ir, pero sé que necesito marcharme, lo más lejos posible. También tengo el problema del pasado, que me persigue y se aferra a mí, o yo a él, como es el caso de la llama, que sabe que nunca se va a poder separar de la mecha. Es posible que ese sea mi destino también.

Tal vez mi caso sea el de un alma atormentada, que necesita curarse poco a poco, muy poco a poco, esperar en la mecha hasta que llegue el momento de liberarme, y así, desvanecerme.

¿Ese aceite del que se alimenta la llama podría ser la autocompasión en mi caso? Creo que es de lo poco que tengo claro.

Pero que esto se presente así por el momento no significa que no vaya a cambiarlo.

La vida es un constante fluir de circunstancias, las cosas cambian, y yo también puedo hacerlo. Tal vez he estado reuniendo fuerzas, y tal vez va siendo el momento de liberarlas, de escapar de mi prisión, de buscar otra fuente que alimente mi existencia, otro sustento.

Mi existencia no depende de mi pasado, aunque me engañe día a día creyendo en lo contrario. Tengo que avanzar para no convertirme en la paradoja de la llama.

Asumir lo que ha ocurrido, por muy duro y doloroso que sea, mirar al frente siempre, nunca hacia atrás, ni para coger carrerilla.

Con pequeños pasos puedo llegar a cambiar mi mundo, a liberar esa llama, que sea libre al fin.



lunes, 25 de febrero de 2019

Pequeñas cosas de la vida

"Qué sería de nuestro día a día sin aquellas pequeñas cosas que nos hacen seguir adelante..."

Esta vez voy empezar contando algo que me ha sucedido.

Volvía a casa después de correr, y me he topado con un cachorrito de Golden retriever de 3 meses. Sin pensármelo dos veces me he acercado cautelosa a la chica que lo llevaba, y le he preguntado si podía acariciarlo, y la chica muy amablemente me dijo que sí, de hecho, fue muy agradable. Y el perrito era un auténtica monería, era muy chiquitín y más bueno que el pan, y he estado un rato deleitándome con su presencia. 

Puede parecer una tontería, seguro que para alguien lo es, pero es algo que me ha sacado una sonrisa y ha alegrado mi día. Algo breve, que puede parecer que aparentemente no tiene ningún significado, pero que nosotros le damos ese valor especial que lo cambia todo.

Acariciar un perro, un chascarrillo ocurrente, unas palabras sinceras, un mensaje que esperas de alguien especial, una canción... Son tantas las posibilidades y, siendo algo tan simple, tienen un valor incalculable. Sin estas pequeñas cosas de la vida, ¿qué sería de nosotros?

Se pueden ver como "insignificantes", incluso hay gente que puede considerar "conformista" a quien se aferra a estos detalles. Pero tenemos que recordar que la felicidad no se mide en relevancia de hechos. Sí que es cierto que nos solemos "alegrar" más con aspectos cambiantes de la vida de un cierto calibre, como un proyecto futuro (por ejemplo), pero no seríamos nada sin esos pequeños estímulos con los que nos topamos día a día que nos permiten afrontar la realidad con nuestra mejor cara.

Porque yo no podría imaginar un día que pase y no tener algo, por muy nimio que parezca, a lo que poder aferrarme.

Todos tenemos días mejores y peores, pero esos días se convertirían en agónico infierno sin nuestras pequeñas cosas de la vida.  

No las menosprecies nunca, porque el día que te falten las echarás de menos. Te darás cuenta de que realmente para ti eran importantes, que te hacían feliz. Tampoco cierres la puerta a aquello que aparezca nuevo en tu vida, dale una oportunidad, tal vez se pueda convertir en una de esas pequeñas cosas que te alegren el día.

Sea como sea, la decisión es solo tuya.


Quiero dar las gracias a mi amore Naomi, que ha sido la que me ha dado el tema sobre el que escribir.  

domingo, 24 de febrero de 2019

Heroes

"Y la vergüenza, se quedó al otro lado
Podemos vencerlos, por los siglos de los siglos
Entonces podemos ser héroes por un día
Podemos ser héroes"
Todos tenemos nuestra propia batalla, luchamos cada día, ya sea de una forma u otra. Nadie se libra de tener que afrontar la crudeza de la realidad. Nadie.

Por eso tienes que dar lo mejor de ti cada día, para superar esos obstáculos que la vida nos pone y salir (en mayor o menor medida) victoriosos. Las cosas son muy difíciles, y a medida que crecemos nos topamos con más complicaciones, pero tenemos que encontrar nuestra estrategia de combate, y procurar que esta siempre vaya ligada al realismo y al optimismo. Buscar soluciones pesimistas, negativistas, que nos hagan entrar en un bucle de desesperación, autodestrucción y depresión no nos va a llevar a ningún sitio.

Piensa que estás luchando por lo que quieres, estás siendo fuerte y valiente, no te has rendido, que hay motivos para continuar. Siempre los hay.

Cada día somos los héroes de nuestra propia historia, vencemos al mal y aprendemos de nuestras acciones. Puede que el desenlace de nuestra historia no siempre sea ese final feliz que prometen en muchas películas, series o libros, pero esto es la realidad, y tenemos que ser conscientes de ello.

Dentro de las limitaciones que existen, deberíamos estar muy orgullosos de nosotros mismos por estar donde estamos, por luchar, por no rendirnos bajo ningún concepto, y más por saber cómo afrontar la realidad.

Es muy fácil decir todo esto, pero lo realmente complicado es aplicarlo. Yo no tengo la fórmula, por desgracia, ni tampoco existe como tal, pero cada uno creamos una, poco a poco, de forma individual, que es lo que nosotros creemos que más se aproxima a lo que buscamos (la fórmula de la actitud).

La actitud es la llave que nos puede abrir todas aquellas puertas, y nos va a permitir sobre todo enfrentaros a todas las adversidades que se nos planteen.

Puedo decir que un problema muy grande que tenemos muchas personas es que no creemos en nosotros mismos. ¡Empieza por aquí! Cree en ti, no necesitas que nadie lo haga en tu lugar, tú eres el pilar fundamental.

Por encima de todo, cree en ti.

 Y, como muy pocas cosas son imposibles, si crees en ti, puedes ser un héroe. O, ¿tal vez ya lo eres?



sábado, 23 de febrero de 2019

Invincible

"Lánzate hacia las olas,
deja que te lleven mar adentro
para limpiar toda tu fragilidad.
Lánzate al océano
hastiado, rotundo, invisible...
Invencible"

No es fácil describir la sensación.

Tampoco es fácil sentirlo, pero en más de una ocasión estaría bien creer en ello.

Técnicamente lo único que no tiene remedio en esta vida es la muerte. ¿Resulta, pues, descabellado decir que, de un modo u otro, somos invencibles?

Es una pregunta muy compleja en realidad. Creo que entre todos los "no" que puedan haber, hay un pequeño "sí" tratando de hacerse ver.

Tenemos que aferrarnos a aquello que queremos, y luchar por ello con todas nuestras fuerzas. Somos capaces de ello, pero nos lo tenemos que creer, aunque las circunstancias apunten a precisamente todo lo contrario.

No te dejes hundir por nada ni nadie, sigue adelante, pase lo que pase, porque tú en realidad eres invencible.

Que nunca nadie te haga ir en contra de tus principios, pon fin a aquellas situaciones que te producen dolor, lucha... En definitiva, nunca te rindas.

La vida es difícil, y muchas veces puede resultar injusta, pero somos nosotros los que tenemos que equilibrarla y sobre todo, perseguir aquello que deseamos.

Hacer locuras a veces está bien, no somos inmutables ni neutrales, y puede que una idea que se nos pase por la cabeza pueda tener un futuro, y sobre todo, pueda hacernos felices.

No coartes tu libertad, no temas, porque el miedo no te debe vencer, que no te impida hacer aquello que quieres, que no te impida ser feliz ni sonreír. Tú puedes con ello. Puedes porque eres invencible. Ya sea desde lo más simple a lo más complejo de la vida, puedes con ello.

No te quedes con la duda si la tienes, no te hundas por nimiedades, déjate ser feliz, porque así va a ser como realmente serás invencible. Que nada ni nadie pueda contigo, lucha y, nunca, bajo ningún concepto, te rindas.